Creo que la oposición venezolana se equivoca nuevamente
Veo lo que se escribe y lo que se comenta entre miles y miles de nuevos analistas políticos, comentaristas internacionales, expertos en comunicación política, todos, sin haber militado un minuto en un partido o haber ejercido 30 segundos de funciones públicas, cosas insólitas sobre lo que sucede en Venezuela y lo que significa la nueva mayoría parlamentaria opositora en ese país.
De repente, Venezuela es una democracia parlamentaria. No, es peor. Parece que, de golpe, Venezuela es una democracia.
Ahora cuenta con una junta electoral que utiliza como herramienta el sistema de conteo más garantista del mundo. De la nada, el gobierno de Nicolás Maduro es respetuoso de la Constitución y los poderes del Estado venezolano.
Me gustaría saber cuándo pasaron esos capítulos de la novela que me he perdido. Les cuento donde yo la dejé la última vez que le di un vistazo al Gobierno de ese país.
Venezuela, que hasta donde yo sé, es gobernado por una junta cívico-militar desde los tiempos de Hugo Chávez. Este último, para darle un carácter más amable, creó una estructura casi unitaria llamada Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que de partido solo tiene el nombre. Es una fachada revestida con el antiguo ropaje del Partido Comunista Soviético, pero a lo tropical bolivariano.
Maduro es un legado del propio Hugo Chávez y los hermanos Castro de Cuba. Nunca, en ningún momento, el famoso PSUV contó con el liderazgo del hoy presidente.
En Venezuela hay más de 80 presos políticos, varias frecuencias de radio y televisión revocadas o compradas con malas artes para cambiar su línea editorial, incluyendo casas editoriales de diarios y revistas. Se persigue la prensa libre y los pocos medios que aún no son directamente prochavistas tienen un acuerdo con el Gobierno de revisar los contenidos antes de emitir.
Más de un millón de ciudadanos venezolanos viven en el exterior. Buena parte de su clase media alta ya no vive en ese país y se ha convertido en una diáspora por culpa de una inseguridad digna de un sitio en guerra.
En Venezuela, que ya ni se llama así, el presidente y su camarilla gozan de poderes absolutos, controlan el Órgano Judicial a placer (si no, pregúntenle a Lilian Tintori qué opina de la cruel e injusta condena a su esposo Leopoldo López), y el ejército es todo, menos ejemplo de subordinación a la democracia.
Pero, un importante sector de la oposición venezolana y gran parte de generadores de opinión de ese país en el extranjero están vendiendo la idea de que con la nueva mayoría legislativa, los problemas y, sobre todo, la situación del régimen va a cambiar. Y pronto. Ya se habla de leyes que sacarán a los presos políticos, de referéndum revocatorio y un largo etc.
En mi humilde opinión, la oposición, que hizo bien en participar en las elecciones para buscar espacios políticos dentro de este asfixiante régimen, ahora ha pasado a una euforia incontenible. No se aprendió nada de los desastrosos resultados de las 2 victorias electorales anteriores, el golpe del 2002 y las derrotas electorales de los gobernadores opositores.
Me temo que, tras que ya era complicado que los gobiernos de la región condenaran a la dictadura venezolana, ahora sigan la estela de la borrachera de triunfo opositor. Ya Mauricio Macri en Argentina enterró la idea de invocar la carta democrática de la OEA. Y ni hablar del aval que se lleva el chavismo con el expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero y sus amigos, en un gesto lamentable.
Y es que el primer problema de la mesa de la Unidad Democrática (MUD) es definir el liderazgo. Queda claro que Henrique Capriles tiene importantes diferencias con Leopoldo López y María Corina Machado. Y ni hablar que la MUD está integrada por 88 partidos políticos y movimientos muy diferentes ideológicamente hablando.
Es muy complejo todo. No se puede analizar tan superficialmente como se hace. Es más, podríamos estar ante un escenario de repliegue del poder, que quizás nadie ve: una posible negociación a tres bandas entre Estados Unidos, Cuba y los chavistas, en la que la MUD sea, como siempre, el último en enterarse.
Qué bueno que se ganó la elección, pero ha sido demasiado sencillo quitarle el control total de la Asamblea de Diputados a quienes nunca les importó eso de los 3 poderes del Estado y menos la Constitución. Y es que los mismos que contaron estos votos contaron la anterior elección que, de manera casi unánime, todo el mundo fuera de Venezuela cuestionó su resultado.
Perdonen, pero aquí hay algo que no me han contado.
Ingeniero. Asesor de estrategia política.