Cric cric Grillo
Un popular y satírico cómico italiano, Beppe Grillo, ha puesto de cabeza a su país y Europa al derrotar en las elecciones parlamentarias a los partidos del establishment. Se comenta que arroja a su país a la ingobernabilidad y que el caos político se agregará a la grave crisis económica.
Pero los ocho millones setecientos mil votos que el Movimiento 5 Estrellas de Grillo alcanzó en las urnas revelan que los italianos prefieren un salto abrupto a los desafíos del cambio al mantenimiento del statu quo de Pier Luigi Bersani y Silvio Berlusconi. Ayer, por primera vez, los diputados del Movimiento 5 Estrellas se reunieron, a puerta cerrada, en un hotel. La mayor parte no había visto personalmente a Beppe Grillo, que los nombró por internet.
Sin embargo, al igual que el millón de italianos que se comunican vía Twitter con el cómico, piensan que la bota itálica necesita un fuerte sacudón para salir de la inercia de los políticos profesionales.
Su programa se basa en los sencillos postulados que Grillo, que se define como populista, ecologista y euroescéptico, difunde por la televisión pública desde 1977. Internet gratuito, fuentes de energía renovable, circulación de los italianos en bicicleta para purificar el ambiente de la contaminación, alto radical a la inflación.
Mientras Italia espera ansiosamente el resultado del gran cambio, en Europa y en África del Norte, está hirviendo el descontento. En España, Grecia, Portugal, Francia, Bulgaria, Ucrania, y también en la primavera árabe de Túnez, Egipto, Libia y otras naciones del Magreb, brotan movimientos de indignados.
El filósofo y diplomático francés Stéphane Hessel, fallecido recientemente, condensó en un manifiesto de 32 páginas el despertar de las nuevas generaciones de “indignados”. Expresó la indignación de jóvenes y adultos mayores por el estilo de gobierno europeo que ha desembocado en una de las peores crisis económicas.
Hechos políticos concretos muestran que los “indignados” tienen presencia en América Latina mucho antes que estallara el colapso de la Unión Europea. La frustración política tiene registros históricos de profundo calado. Uno tras otro, los partidos tradicionales latinoamericanos pierden elecciones ante el empuje arrollador de nuevos movimientos.
Y seguirán perdiendo los comicios por la obsolescencia de sus ideologías, por el descrédito moral de sus dirigentes, por el anquilosamiento de sus estructuras programáticas. Los mensajes de las redes sociales transmiten la desilusión de las mayorías por el fracaso de las recetas trasnochadas.
La situación italiana llegó a un nivel de descalabro que no resolvieron los partidos que se turnaron en el poder desde la muerte de Benito Mussolini. Ahora los partidos históricos tendrán que pactar acuerdos con los diputados de Beppe Grillo para montar una gobernabilidad de viejo cuño muy difícil de acordar con el estilo de los viejos tiempos. Podría ser un salto al vacío.
Pero si los italianos y los europeos en general observan lo que está aconteciendo en nuestros países encontrarán las fórmulas del rescate. Cric cric está cantando el grillo italiano.