Crimen con y sin castigo
Con muy buenos ojos hemos visto la detención, por solicitud del gobierno español, del corrompido y corruptor sujeto colombiano que estableció para computadoras portales de pornografía infantil y abrigamos la esperanza de que a rufián de tal naturaleza se le imponga el máximo de la pena que para el caso tenga establecido la ley.
Vemos también con satisfacción, la diligencia de nuestras autoridades de aduanas que, a diario, descubren cargamentos de estupefacientes, tráfico ilegal de armas, y altas sumas de dinero oculto para su lavado.
Últimamente, dichas autoridades han informado sobre el contrabando de millones de cigarrillos, los cuales, según dicen, han sido destruidos. No obstante, no hemos podido advertir que se haya apresado a los culpables.
Si el cigarrillo es la causa de enfermedades terminales, y por cierto de mucho sufrimiento pasa sus víctimas, el tráfico de ellos debe considerarse como un delito contra la salud pública y hacer que a sus contrabandistas, dado lo criminales que son, se les castigue con el mayor rigor posible. ¿Cuándo empezaremos?
