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Crimen y Castigo


La Novela escrita por el autor ruso F. Dostoievski, narra la historia de un estudiante de derecho que ve truncado sus sueños por la miseria, debiendo suspender sus estudios universitarios por falta de dinero. En su búsqueda por revertir la situación conoce a una infame anciana que ejerce el oficio de usurera. Dominado por su esquizofrénica condición resuelve asesinar a la decrépita dama, pero no para robarle, sino por considerarla un ser carroñero, despojo humano que se aprovecha de la miseria de otros. En la justificación a su conciencia; único e íntimo delator del crimen cometido; el frustrado estudiante dispone en su defensa que la sociedad simplemente esta constituida por dos tipos de individuos: “los superiores que tienen derecho a cometer crímenes en pro del bienestar de la sociedad”, y “los inferiores que deben obedecer las leyes”; “cuya única función es la multiplicación de la raza humana”.

Erigirse en el ser Omnisciente que asume y reclama como parte de su verdad la virtud de conocer todas las cosas reales y posibles; lo que hacen y piensan las personas; conduce a los auto proclamados “Salvadores” a tomar la justicia por su propia mano. Antaño, previo a lo que hoy conocemos como “Estado” no existían los Tribunales de Justicia. Cuando se presentaban conflictos, éstos eran resueltos a la brava. El agraviado (o su familia) quedaban facultados a tomar la justicia por su propia mano persiguiendo al autor del hecho. Una vez capturado, lo hacían pagar mediante la denominada Ley del Talión “ojo por ojo, diente por diente”.

Ahora bien; no por haber superado esa arcaica normativa desaparece nuestra necesidad de justicia bajo el concepto de que la ley pareja no es dura. Necesidad que justificamos al ser afectados en nuestros derechos, anhelando por ende que algún ente se haga cargo del caos. Así el siguiente paso inminente es la aparición de los llamados “escuadrones de la muerte”; organizaciones de corte paramilitar asociados a labores de limpieza social, identificados con ideologías de extrema que se aprovechan de las deficiencias del sistema para el logro de sus propósitos. La razón principal para que estos grupos germinen, resultan estar afincadas en la percepción (equivocada o no) de que la justicia es una mera quimera al no existir la certeza del castigo. Nacen y se desarrollan bajo la sombra de la permisividad de todo ciudadano falto de fe en la justicia, y en cierta medida por los miembros de los estamentos de seguridad del Estado, que al sentirse impotentes en sus labores se constituyen en un ideal caldo de cultivo para el desarrollo de estas bandas.

No olvidemos que “Cuanto más dulce es la lengua, más afilado es el diente” (en compañía de lobos, Neil Jordan).