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Crímenes contra la naturaleza

Por: Redacción 28/03/2014

Los humanos vivimos un momento de gran desconcierto. El caos alcanza al propio ser humanodentro de su contexto natural. La arbitrariedad nos ha equivocado el propio estilo de vida, hasta consentir los crímenes contra la naturaleza, de la que somos parte. Obviamente, la intervención humana ha sido desastrosa, porque ha devaluado su propio hábitat, la flora y la fauna silvestre, rompiendo el equilibrio originario y, por ende, sus propias condiciones existenciales.

En la raíz de este desquiciado cataclismo del ambiente natural hay un abuso permanente de poder, una altanería sin precedentes en el sentido de crear un mundo sin ética y una arrogancia transformadora a gusto de los poderosos.

En los primeros días de este año, el secretario general de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas recordaba los estrechos vínculos entre las redes de crimen organizado con la caza de elefantes, insistiendo en la necesidad de redoblar los esfuerzos por combatir la caza, el contrabando y la venta de marfil. No se puede negar que las especies se están extinguiendo más rápidamente que en otras épocas, en parte, debido a las actividades humanas, que no solo agotan recursos, sino que los contaminan, cambiando y deteriorando los hábitats.

En nombre de un falso avance se han permitido romper ciertos equilibrios ecológicos y esto ha originado una degradación ecológica que está afectando la misma subsistencia del planeta. No cabe duda de que debemos utilizar de manera más humana el capital natural que poseemos, salvaguardándolo de una economía irrespetuosa con el ecosistema.

Los crímenes contra la naturaleza revelan de modo evidente esa falta de conciencia moral que nos invade. No se puede descuidar la protección y conservación efectiva del bosque, del mar o del mismo aire que nos alienta; tenemos la obligación de recapacitar y de aprender a respetar la naturaleza que nos acompaña. La necesitamos.

Sin duda, hace falta tomar otro espíritu más comprometido con el medio natural. Hay que terminar con la falsa creencia de incompatibilidad entre el progreso económico y la protección de la naturaleza. Ambos son compatibles en la medida en que las cuestiones ecológicas y la propia economía adquieran un rostro humano en el que se pueda participar y debatir, a fin de forjar un renovado planeta, donde la fuerza vital de la naturaleza nos reconduzca a saber cuidar y proteger el único hábitat que tenemos.

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Viernes 7 de agosto de 2026