Crisis de alimentos
La escalada de precios de los alimentos a nivel mundial ha generado un grave problema hasta para los países más desarrollados.
Estadísticas del Food Price Watch del Banco Mundial señalan que entre octubre de 2010 y febrero de este año, los precios de los alimentos en el mundo se han disparado en un 15%, un 29% más que en el mismo periodo del año anterior, y solo 3% por debajo del pico histórico alcanzado en el 2008.
El Banco Mundial también estima que esta escalada de precios ha dejado en la pobreza a unos 44 millones de personas durante el último año en los países en vías de desarrollo.
La situación es atribuida a varias razones, entre ellas, la escasez de alimentos y el alto costo de los combustibles por los diferentes conflictos que envuelven a los países productores y el alto consumo de las naciones más desarrolladas.
Únicamente estas dos variantes son motivo suficiente para que la situación se escape de las manos de los gobernantes de los diferentes países del mundo.
Panamá no escapa de este sombrío panorama. El aumento del combustible ha disparado los precios, golpeando con mayor fuerza la canasta básica de alimentos.
Los niveles de inflación rozan el 6%, los más altos en la historia republicana, mientras los consumidores son víctimas de la especulación de los intermediarios.
El Gobierno en Panamá ha reaccionado aumentando los subsidios, lo que hace más pesada la carga de los gastos públicos. Sin embargo, hay una medida que ha rendido frutos importantes en dos vías: las jumbo- ferias.
Estos supermercados itinerantes generan un ahorro de hasta 30% para los sufridos bolsillos de los consumidores, y a la vez garantizan a los productores un pago justo e inmediato por sus productos.
Las jumboferias representan un balance natural entre las fuerzas del mercado. Sus precios razonables obligan a los especuladores a ajustar los suyos para poder competir. La medida es oportuna y sumamente beneficiosa para todos, menos para los abusadores.
