Crisis de la clase política
A los esfuerzos por promover los valores cívicos y morales en el país se antepone el desprestigio de la actividad política... la disposición manifestada por la opinión pública a través de las encuestas indican que la sociedad política (partidos, poder legislativo y procesos electorales) ha quedado rezagada respecto a la realidad contemporánea; los circuitos tradicionales de toma de decisiones se han visto sobrepasados por nuevos intereses, poniendo en entredicho la actividad parlamentaria tradicional. El creciente cuestionamiento de la política por las demandas sociales de mayor transparencia y participación ciudadana en las decisiones públicas, son importantes.
Las élites políticas han caído en un descrédito tan profundo y generalizado que contribuyen con ello al debilitamiento de las instituciones democráticas. En ese descrédito se destaca la situación de los partidos políticos, la asamblea y los procesos electorales. La actividad está cuestionada en sus conductas para la vida individual y social y en la conducción del Estado. Parte importante de la crítica se dirige hacia los políticos y sus organizaciones.
En una oportunidad, cuando participamos en una charla en uno de los colegios de la capital para hablarle a los estudiantes sobre los valores cívicos y morales, uno de ellos nos preguntó: “¿Ya fueron ustedes a hablar con los políticos?”. Y es que existe una imagen de los políticos asociada al enriquecimiento ilícito, el tráfico de influencias y al uso de los bienes públicos para la acumulación privada.
Junto con el proceso anterior, está la desvalorización del poder legislativo y del papel de los disputados. Estos son vistos más como detentores de privilegios que como servidores públicos de un Poder Legislativo o, con mayor fundamento, como la expresión de una asamblea de ciudadanos representativos del pluralismo político, de la diversidad cultural, religiosa y de intereses sociales, cuya responsabilidad es convertir las posiciones particulares en objetivos nacionales. Y lo peor es que ellos no contribuyen a mejorar esa imagen.
En nuestro país, la actividad política está cuestionada para llevar la vida individual y social así como en orientar la conducción del Estado.
Pese a ello, desde una perspectiva democrática, no existen postulaciones capaces de defender sólidamente la tesis que la elaboración y gestión de la vida pública pueda realizarse sin la mediación de la política. Estamos frente a un problema que es más moral que político. El mantenimiento de altas normas de honestidad e integridad de parte de los políticos es esencial para lograr la confianza de los ciudadanos y por esto son indispensables en el devenir político del país. ¡Valores!
