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¿Crisis en la cúpula católica?


Ramiro Guerra Morales (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

La renuncia del papa Benedicto XVI no puede interpretarse como una crisis de la fe cristiana, esta rebasa y trasciende temas relacionados con el poder y las contradicciones en la nomenclatura romana católica y, en particular, las relaciones en la estructura cardenalicia; donde conviven facciones o tendencias que van desde el ancla conservadora y las corrientes liberales, de tolerancia o complacencia con temas terrenales que pasan por un cuestionamiento al celibato sacerdotal, a la subalternalización de la mujer o dependencia a la jefatura sacerdotal masculina; y hasta cierta tolerancia con el mundo del hombre o mujer del tercer tipo.

Algunos estudiosos del tema, -a mi juicio- más fanáticos que gente de fe, sostienen que los adláteres de estas facciones constituyen una avanzada satánica que raya en una expresión apocalíptica de nuestros tiempos y el fin del mundo. Algo absurdo, dado el hecho de que el propio concepto del diablo ha sido superado dentro las propias filas del mundo de la fe.

Claro que en el obrar humano existe el mal y el bien, y hasta cierto punto desde lo histórico estas nociones son relativas. Lo que hoy se considera malo en otras épocas se tuvo como bueno. No olvidemos que el proceso de ruptura del dominio de la Iglesia católica sobre el Estado duró siglos, dominio este que hizo mucho daño a la humanidad o qué decir de las alianzas perversas que por interés o sentido de sobrevivencia llevó en el siglo XX al papado a entenderse con el poder fascista en Italia.

Los cambios por los lados del supremo católico no pueden entenderse ni interpretarse como una crisis de la fe en Cristo o la creencia en una divinidad que trasciende lo humano. Lo anterior siempre constituirá un derecho sagrado del individuo. Prueba es que el mundo cristiano crece al margen de lo que ocurra en Roma y sus obispos.

Tengo que reconocer que el papa Benedicto XVI, después de siglos, envía el mensaje de que lo humano sí trasciende lo que para muchos ha sido tenido como divino y trascendental como lo es el poder católico en Roma.

¿Podrá el próximo papa apaciguar o mediatizar las contradicciones que provocaron la salida de Benedicto XVI? Las que saldrán mejor posesionadas de la crisis son las facciones que abanderan una reforma que mueva a la Iglesia hacia un centro más liberal. La salida del sumo pontífice constituyó o reflejó una pérdida de la gran cuota de poder de las facciones cardenalicias y obispales que representan la tradición.

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Viernes 14 de agosto de 2026