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Crisis en medio de la prosperidad


El crecimiento económico, la conectividad y el Canal son algunas de las ventajas que los países de Latinoamérica y otras regiones envidian de Panamá.

Sin embargo, en este momento el país vive una congestión a nivel político y una lucha de los grupos indígenas para evitar la explotación de la minería y la construcción de hidroeléctricas. Además de las quejas continuas de casi todo el pueblo por los altos precios de la canasta básica y de las víctimas del envenenamiento masivo por dietilenglicol porque aún no reciben respuesta.

Con seguridad se puede afirmar que nada de esto es envidiable.

Solamente el cierre de la carretera Panamericana por más de 40 horas ha dejado pérdidas por arriba de los tres millones de dólares.

Ayer fue un día de protestas: calles cerradas en Chiriquí, Veraguas y Panamá.

Es cierto que en los países desarrollados existen protestas y cierres de calles, y sobre todo en un momento en el que se han tomado medidas de austeridad por las crisis financieras que viven.

Pero Panamá no vive una crisis económica, no obstante, hay otros tipos de crisis. Panamá es el país con grado de inversión, el de mayor crecimiento en América Latina, el punto obligado de la inversión, el Dubái de las Américas, según el presidente Ricardo Martinelli, donde todo lo que se respira es libertad de expresión, desarrollo y democracia.

Entonces, ¿por qué no se utiliza todo ese crecimiento para estabilizar el país, para dar solución a los problemas? Todo indica que las autoridades son capaces de sentarse a negociar el rendimiento de los Bonos Globales de Panamá en Nueva York, sin embargo, se mantienen inertes ante un diálogo con la población o con los ngäbes. Es hora de empezar a escuchar y a sentirse orgullosos del crecimiento económico, aunado a la seguridad, consenso y salud.