Crisis general
Las recientes declaraciones de Tacla Durán, que involucran al presidente de la República con la corrupción vinculada a la empresa Odebrecht, han profundizado significativamente la crisis política que vive el país. Cada vez es más evidente que el sistema electoral – partidista, que asegura el dominio de los órganos del Estado por la alianza entre la partidocracia corrupta, los sectores económicamente dominantes locales y externos, origina un régimen de rapiña de los bienes públicos y, por tanto, de desposesión de la población. No se trata, sin embargo, de una crisis circunscrita al plano político; por el contrario, la misma se expresa en todas y cada una de las esferas de la sociedad panameña.
En el plano social de los elementos básicos que aseguran la vida de la población, la crisis se manifiesta de diversas maneras, entre las que se pueden destacar: el práctico colapso del sistema de salud público, la radicalización de los problemas vinculados al abastecimiento de agua potable, el progresivo deterioro de la educación pública, las dificultades del sistema de transporte, el incremento de los problemas del desempleo y la informalidad, que afectan con especial dureza a los jóvenes y a las mujeres, el creciente costo de la vida y la aniquilación de la base de la seguridad alimentaria del país, la profunda crisis del sistema de seguridad social y el intento de despojar a la población de sus viviendas. A esto se debe agregar la problemática de la cada vez mayor inseguridad ciudadana, apreciada por la población como su mayor riesgo.
Por lo que respecta a la economía, esta se muestra como un sistema concentrante y excluyente, sostenido cada vez más en la acumulación por desposesión, en el que los ingresos y la riqueza se concentran en una minoría, que también controla el ámbito de la política. La falta de equidad tributaria hace parte de este fenómeno. Este modelo, además, se manifiesta en un proceso que está llevando a la desaparición tanto del sector agropecuario como del industrial, lo que afecta a los productores y trabajadores vinculados a los mismos. El modelo, igualmente, ha llevado a la reducción creciente de la participación de los salarios en el producto interno bruto, proceso facilitado por la elevación de los precios de los bienes básicos. En la actual coyuntura, la finalización del auge cíclico de la construcción, así como la contracción de la capacidad adquisitiva de la población, se manifiestan como elementos de desaceleración de la economía.
Estamos frente a una crisis generalizada. Hace falta, entonces, una respuesta estructural, que permita la constitución de una nueva república, construida a partir de la concertación de todos los sectores progresistas y honestos del país. La formación de esta nueva fuerza social independiente precisa del debate creativo que se manifieste en un proyecto nacional destinado a fortalecer la democracia activa, la justicia social y la sostenibilidad ambiental, en un contexto que asegure la equidad en cada ámbito de la vida social. También precisa que quienes promovemos el cambio social nos involucremos activamente en las luchas cotidianas de la población.
Economista