Crisis, Gobierno y represión
La formación económica y social de Panamá aparece actualmente como un modelo estructuralmente agotado. Esto se revela con toda su fuerza en esa importante esfera que David Harvey conoce como las condiciones de reproducción de la vida diaria, la cual se refiere a la realidad cotidiana que enfrenta la población.
En nuestro país, el sistema de salud está prácticamente colapsado, mientras que cada día, muchos padres de familia optan por no enviar a sus hijos a la escuela, dado el peligro que representan las deterioradas infraestructuras escolares. En el plano de la alimentación, el creciente costo de los productos pone en riesgo la seguridad alimentaria de la población, al tiempo que languidece la actividad agropecuaria. Así mismo, las comunidades se hacen más conscientes y activas frente a la carencia de agua potable, a la vez que los más pobres luchan por un terreno para edificar sus viviendas y los sectores medios lo hacen para no ser desplazados de las suyas por la avaricia de los especuladores urbanos.
En el plano de las relaciones con la naturaleza, el país también enfrenta un creciente deterioro, producto en buena medida de las políticas depredadores impulsadas por el Gobierno con el fin de apoyar al capital transnacional. Esto ha llevado a que Panamá se haya convertido en un país deficitario desde el punto de vista de la huella ecológica. Se trata de un elemento que también activa la lucha social, principalmente la de los pueblos originarios.
En la esfera tecnológica, si bien la inauguración del Canal ampliado mostró ser un avance de la modernización, se conserva la dramática heterogeneidad estructural-tecnológica, que mantiene a más de la mitad de los trabajadores en actividades de baja productividad. Esto se vincula con la muy polarizada distribución del ingreso, la que, junto a la presencia de relaciones muy asimétricas entre el capital y el trabajo, activan un importante frente de contradicciones sociales.
En el nivel económico, el país sufre de un proceso de desaceleración, el cual dificulta aún más las condiciones del mercado laboral. En este, más allá del desempleo, se observa que cuatro de cada diez trabajadores se encuentran en la informalidad. La difícil situación económica es reconocida por los propios sectores dominantes, quienes han llegado a la conclusión de que la vieja forma de hacer negocios está agotada, proponiéndose una salida de la situación cuyo costo deberá ser asumido por la población.
La búsqueda de la redefinición de la formación económica y social panameña opera, además, en medio de una crisis política en la que no solo los sectores excluidos y medios de la población carecen de expresión, sino que el propio sistema de partidos que responde a los intereses dominantes carece prácticamente de toda legitimidad y consenso.
En este contexto, la estrategia del actual gobierno, que busca la recomposición del sistema en favor de los sectores económicamente dominantes, intenta sostenerse en la creciente represión de las protestas y en la imposición de políticas impopulares. Esto explica, entre otras cosas, los crecientes montos de pensión para los altos oficiales de la esfera militar.
Economista