Crisis o solución para la juventud
De acuerdo a datos revelados por el Ministerio de Salud para el año 2015 las cifras de embarazos en adolescentes ascendió a 10,976 casos, lo cual alarmó en gran medida a la población y motivo a algunos a impulsar propuestas legislativas para la educación sexual en escuelas públicas del país y otros a apoyarlas. Igualmente en septiembre del 2016 se hizo público un informe del MIDES y el PNUD, donde se habla de la violencia y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) como las principales causas de muerte de jóvenes en Panamá. Quiero examinar estas cifras y que el lector tenga elementos más amplios de análisis sobre estos fenómenos.
Vamos a partir de las razones por las que organismos internacionales incluyen dentro de la población de riesgo a las mujeres entre 18 a 19 años, quizás argumentando que no se encuentran capacitadas para concebir. Para tales efectos tendríamos que remitirnos a documentos de UNICEF, PNUD o UNFPA que nos pueden aclarar esta posición. Tomemos un informe UNICEF sobre el Estado Mundial de la Infancia publicado en el 2011 bajo el título “La Adolescencia: una época de oportunidades”. El organismo definió lo que para ellos es adolescencia y determinó los rangos de edades. Ellos se refieren a adolescencia temprana (de los 10 a los 14 años) y la adolescencia tardía (de los 15 a los 19 años). La temprana es una “etapa en la que, por lo general, comienzan a manifestarse los cambios físicos, que usualmente empiezan con una repentina aceleración del crecimiento, seguido por el desarrollo de los órganos sexuales y las características sexuales secundarias”. Y la tardía es la que “abarca la parte posterior de la segunda década de la vida, en líneas generales entre los 15 y los 19 años de edad. Para entonces, ya usualmente han tenido lugar los cambios físicos más importantes, aunque el cuerpo sigue desarrollándose. El cerebro también continúa desarrollándose y reorganizándose, y la capacidad para el pensamiento analítico y reflexivo aumenta notablemente; es una etapa de oportunidades, idealismo y promesas. Es durante estos años que los adolescentes ingresan en el mundo del trabajo o de la educación superior, establecen su propia identidad y cosmovisión y comienzan a participar activamente en la configuración del mundo que les rodea”. (INFORME MUNDIAL DE LA INFANCIA 2011, pág. 6)
Ahora, analicemos esto un poco más de cerca. Las edades de 18 a 19 años es el momento en el que los seres humanos entran en una etapa productiva; de hecho en Panamá se toma en consideración la edad mínima de 15 años para medir estadísticamente la población económicamente activa. Siendo esto así, para unas cosas este grupo de edad se considera dentro de las estadísticas económicas, pero para otras se les califica en riesgo, como incapaces o no aptos, haciendo alusión al rango de edad en cuestión (18 y 19 años). En el ordenamiento jurídico nacional se establece la edad de 18 años para determinar la plena capacidad jurídica de la persona. La figura está fundamentada en que la persona adquiere una madurez intelectual y física suficiente como para tener una voluntad y actuar bajo parámetros que antes no poseía. El artículo 131 de la Constitución Política de la República de Panamá de 1972, confiere la calidad de ciudadanos a todos los mayores de 18 años, sin distinción de sexo. Esto quiere decir que tienen derechos y obligaciones que la carta magna y las leyes del país les confiere. Lo que nos trae a la mente el pensamiento que si un organismo internacional quisiera establecer que los mayores de 18, o por lo menos el rango de edad en cuestión, no son capaces de contraer obligaciones y ejercer derechos, se puede entrar en una serie de contradicciones legales con el país donde ellos pretendan imponer criterios como estos, en este caso Panamá. Pero como vemos, los organismos internacionales insisten en ignorar los parámetros legales de las naciones latinoamericanas y en nuestro caso particular, en lo relativo a la mayoría de edad de las personas.
Es bueno conocer las cosas con algo de profundidad y evaluar los argumentos que llevan adelante quienes pretenden establecer supuestos mecanismos de educación sexual, basados en una propuesta legislativa como lo es la N°61. Aquí cabe el axioma pronunciado por Simón Bolívar cuando expreso: “No nos dominaran por la fuerza, sino por la ignorancia”. Por eso, esta serie de escritos vienen a proveer conocimiento del tema y recolectar la mayor cantidad de elementos de juicios, para un mejor análisis de la situación de nuestros adolescentes, niñez, sociedad, familia y demás.
Pongo todo lo anterior como marco de referencia para que revisemos juntos las cifras reales. Dice el Ministerio de Salud que en el año 2014 se dieron 10,811 embarazos en adolescentes de 10 a 19 años (notemos que ellos utilizan los mismos grupos de edad de los organismos internacionales, con lo cual no estamos de acuerdo por las razones ya descritas arriba); en 2015 se dieron 10,976 y lo que va del 2016 se han registrado 5,809 casos. Estas cifras pueden cotejarlas con las estadísticas de www.minsa.gob.pa. Pero si hacemos un acercamiento al rango de edad de 18 a 19 (producto de la controversia) nos podemos percatar que solo en este grupo se dieron 8,167 embarazos en el 2014, lo que corresponde al 75% del total de los casos registrados por Contraloría. De estos embarazos el 79% se dieron dentro de parejas unidas o casas en el 2014, lo que nos da una lectura de estabilidad, en un porcentaje superior al que han expuesto los defensores de la teoría del caos juvenil. El punto aquí es, ¿Por qué insistir en mantener este rango de edad dentro del grupo de adolescentes? La respuesta es obvia, quieren hacernos creer que las estadísticas son alarmantes, cuando la realidad es otra. Cuando los números reales de embarazos en menores de 18 años no sobrepasan los 3,000 casos en cada año y no 10,811 como dicen que sucedió en el año 2014, ni 10,976 en el 2015. Y advierto, no estoy diciendo que no existe problema; lo que digo es que el enfoque del problema no es el correcto, ya que no se puede ver las realidades parcialmente, si de ciertamente queremos dar soluciones complejas e integrales.
La población mayor de 18 años no solo es económicamente activa, es capaz de entablar relaciones labores por primera vez, que pueden perdurar si le damos la confianza y el entrenamiento adecuado, con lo cual pueden sostener familias y aportar al desarrollo nacional. Son votantes, ejercen ciudadanía, los políticos les tocan las puertas para pedirles que los ayuden a llegar a puestos de elección popular, pero se les considera incapaces y no aptos en otros asuntos como los que nos corresponde en estos días. Parece que esto es parte de un estudio de mercado, como si quisieran cautivar a este grupo poblacional como altos consumidores y por ende potenciales compradores de lo que ellos le llaman educación integral, atención y promoción de la salud. Analice y saque usted sus propias conclusiones.
Hagamos otro ejercicio. Vamos a las estadísticas de Contraloría, aunque algunos han expresado que estas no son adecuadas, por lo que pretenden consultar otras fuentes a su conveniencia (no se que fuentes pueden refutar lo recolectado por el ente rector en esta materia). Revisemos los porcentajes de embarazos de madres adolescentes por provincia y comarcas a nivel nacional y nos daremos cuenta que El Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) dice que la Comarca Embará tiene el mayor porcentaje de casos reportados con el 24%, le sigue Bocas del Toro con el 18%, Darién y Guna Yala con el 17% y la Comarca Ngäbe Buglé con el 16%. Cuando cotejamos estos resultados con el cuadro de consultas y concentración de controles de salud en edad escolar, según región de salud (conforme el MINSA), son precisamente estas regiones donde no se muestran cifras alentadoras. Por ejemplo, en la comarca Guna Yala en el grupo de edad de 15 a 19 se atendieron 710 controles de salud en el 2015 y lo que va del 2016 se han atendido 317, siendo esta la tercera región con mayor porcentaje de embarazos en madres adolescentes con el 17%. En cuanto a las consultas de planificación familiar, las mismas representan en Guna Yala el 1,3% del total de todas las consultas a nivel nacional. Digamos esto así, donde hay mayor problema, hay menos influencia del Estado para resolver tales problemas; es allí, donde se viven los conflictos sociales más profundos donde la actividad del Estado debe hacerse presente. Para eso están las herramientas o instrumentos establecidos (instituciones, presupuestos, recursos humanos). Aquí se trata de dar mayores recursos materiales y humanos al MINSA para atender en las poblaciones más vulnerables. En la comarca Emberá solo hay dos médicos, en Guna Yala 19, Darién 34 y en la comarca Ngäbe Bugle 25, según INEC. Cómo pretendemos dar atención de salud a tanta población con tan poca concentración de recursos en general.
Hay múltiples factores que crean y estimulan fenómenos sociales, lo que hace ver como una falacia los antídotos legislativos, cuando lo que se tiene que hacer es cambiar las condiciones sociales para dar mejores alternativas a nuestros niños, adolescentes, jóvenes y población en general. Para el 2013 se habían emitido 9,298 avisos de operaciones para establecimientos dedicados a la venta de licores; sin embargo, solo tenemos 3,281 escuelas a nivel nacional. Me parece contraproducente que por cada tres escuelas hay nueve centros de expendios de licor en Panamá. Esto es un determinante de enfermedad colectiva. ¿Usted puede imaginar el alto consumo de licor, sobre todo en las regiones más vulnerables? No será esto fuente de problemas sociales, violencia juvenil, violencia doméstica, abuso en menores, delincuencia, desintegración familiar. Es que cuando hablamos de sexualidad, no es cuestión de ver el problema sin atender las posibles causas. No se resuelven los problemas sociales con una varita mágica o “pide un deseo”.
Hablando de organismos internacionales, es importante apuntar aquí lo que dice la Organización Mundial de la Salud (OMS), que “los determinantes sociales de la salud son las CIRCUNSTANCIAS en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud. Esas circunstancias son el resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel mundial, nacional y local, que depende a su vez de las políticas adoptadas”. (Informe 2008) Hablando del poder, hagamos una relación con la educación. En este sentido, cuenta la Ley Orgánica de Educación que la gratuidad en la educación es considerada hasta la básica general, que corresponde del pre-escolar hasta la pre-media. A partir de allí esos chicos (de 15 años en adelante) entran en las estadísticas de la población económicamente activa. Significa que nuestros adolescentes, realmente se confrontan con una realidad social feroz, obviamente sin mucha preparación. ¿Será que nuestros gobernantes o instituciones estatales desean cambiar de verdad el rumbo de nuestra juventud y sociedad?, Esta pegunta salta a la vista, cuando la correcta inversión en educación no está direccionada hacia los sectores más vulnerables, cuando hay más cantinas que escuelas en comunidades y barrios.
Sigamos haciendo un balance de la realidad, ampliemos la mirada a nuestro alrededor y propongamos acciones realistas y efectivas para fortalecer la familia, capacitar la población y brindarles oportunidades de desarrollo personal y colectivo. Cambiemos las circunstancias o condiciones en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen y se transformarán los determinantes de la salud, de los que habla la OMS. De esto no escucho hablar en los foros que organizan algunos, que fatalizan a nuestros adolescentes y jóvenes, sin aportar soluciones profundas, claras y definitivas. Estoy más que seguro que nunca en el norte que debemos llevar, para hacer cosas buenas por nuestra sociedad, basados en una correcta evaluación de nuestra realidad. Solo quiero dejar claro y lo repito, no es la ideología de género lo que necesitamos en Panamá.
El autor es investigador social, teólogo y presidente de la Fundación Padres por la Educación