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Crisis política del gamonalismo


Antonio Saldaña (opinion@epasa.com) / Analista político.

Los enfrentamientos políticos en las calles de las últimas semanas del mes de junio, particularmente, alrededor de las sesiones extraordinarias de la Asamblea Nacional, que algunos dicen que es una crisis de orden institucional, de credibilidad del Gobierno o que pone en peligro la existencia de la democracia.

Es en realidad una complicación política de poderosos intereses creados que pugnan por el control político del Estado, pero ocultan, de manera interesada, al panameño de a pie –quien actúa como “convidado de piedra”- la real naturaleza política del desencuentro.

La crisis no es institucional porque el presidencialismo (excesivo poder del Órgano Ejecutivo, frente a los otros órganos e instituciones de poder) ejercido por el actual presidente de la República es el mismo otorgado por la Constitución de 1972, vigente a los anteriores mandatarios desde 1990 a la fecha.

Todos los presidentes, sin excepción, nombraron allegados y hasta parientes, en la Contraloría, en la Procuraduría, magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Electoral y jefes de Policía.

¿Qué ha hecho diferente el presidente Ricardo Martinelli Berrocal? Ha lesionado los intereses económicos de sectores financieros, forenses y mediáticos históricamente vinculados al poder, motivo por el cual han echado mano al desgaste natural del ejercicio de gobierno y de sus errores, para generar artificialmente la coyuntura política reciente. Lucha que en lo absoluto posee un carácter popular.

Y, decimos que es artificial y de carácter oligárquico porque los argumentos esgrimidos solo les interesa a los grupos de poder y sus cúpulas electoreras; contrario sensu, al panameño de a pie le preocupa el elevado precio de la canasta básica de alimentos, el alto costo de vida, la seguridad pública, el aún ineficiente transporte terrestre público de pasajeros, los bajos salarios, la salud pública y la ausencia de una educación de calidad.

Los hechos recientes indican que el régimen actual pretende terminar su gestión quinquenal con una envidiable obra infraestructural y para ello debe cubrir en el presente período fiscal el déficit presupuestario de 400 millones de dólares con la venta de activos del Estado.

Pero los gamonales y los “carneros de panurgo” que utilizan, consideran que esto afectaría sus planes para el 2014 y empujan al Gobierno a producir una salida antipopular mediante la contención de la inversión y del gasto de funcionamiento. Lo otro sería el aumento de impuestos o el incremento de la deuda pública, consideradas inviables.

Y, como dice el refrán popular, “la soga siempre se rompe por lo más delgado” y la estocada final sería propiciar una limitada gestión pública, la eliminación del subsidio energético (energía eléctrica y de gas) y el despido de miles de servidores públicos, situación que llevaría irremediablemente al Gobierno a un aislamiento popular y a la liquidación del proyecto político Martinelli. ¡Así de sencilla es la cosa!

Analista político.