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Crisis sistémica

Por: Redacción 05/04/2017

Siguiendo a Donella H. Meadows entendemos por sistema un conjunto de elementos coherentemente organizados capaces de lograr resultados significativos, de ello resulta evidente que en nuestro país enfrentamos una profunda crisis sistémica. Esta afecta profundamente cada una de las esferas de la vida social, la coherencia entre las mismas, así como el logro de los objetivos de bienestar económico, equidad social, democracia efectiva y sostenibilidad ambiental.

En la esfera social, vinculada con los elementos clave que aseguran las condiciones de reproducción de la vida cotidiana, la crisis viene agudizándose cada vez más. Esta se manifiesta en elementos, tales como la creciente situación de inseguridad ciudadana, la cual ha llegado a niveles nunca vistos en el país. Asimismo, para dar otros ejemplos, se observa el práctico colapso de los sistemas públicos de educación, salud y de dotación de agua potable a la población.

La profundidad de la descomposición del sistema político electoral también presenta niveles críticos. Es indiscutible que el mismo, fundamentado en las donaciones de campaña, el clientelismo y el dominio por los sectores económicamente dominantes, ha generado un impresionante nivel de corrupción, el cual ha terminado por restarle toda legitimidad tanto a la rama legislativa como a la rama ejecutiva del Gobierno. Es también claro que las recientes reformas electorales están manifiestamente diseñadas para contener cualquier cambio profundo en las instituciones perversas que se observan en la esfera política. No menos colapsado aparece el sistema judicial, el cual se caracteriza por un funcionamiento corrupto, lento, carente de independencia y selectivo, el cual está diseñado y operado con el fin de defender sistemáticamente los intereses de los sectores dominantes del país.

La esfera económica, la cual hasta hace poco parecía mostrar una situación estable, marcada por altos niveles de crecimiento, muestra ahora signos de fatiga, que no solo se reflejan en la desaceleración y la creciente destrucción del sector agropecuario y del sector industrial. También se manifiesta en el endurecimiento de las condiciones laborales, que, a su vez, se expresan en el incremento del desempleo, la informalidad y el creciente costo de la vida para los trabajadores.

Estamos frente a una tendencia que afecta doblemente al modelo económico implantado por los sectores dominantes. En el aspecto relacionado con la radical apertura, pensada como un mecanismo de crecimiento sostenido en las exportaciones, esta enfrenta una situación externa muy difícil, la que se puede ilustrar señalando que en el último año el volumen de comercio exterior a nivel mundial apenas creció en 1.9%. En lo que se refiere a la acumulación por desposesión practicada por los sectores económicamente dominantes, esta ahora tropieza con la creciente conciencia ciudadana de los efectos de la corrupción y el despojo de los recursos de la población.

Más aún, la misma, generando los llamados efectos reputacionales negativos, amenaza con afectar al sector financiero.

La solución de toda esta situación pasa, entonces, por la refundación integral del país.

Para esto se necesita una nueva fuerza política que interprete los intereses de la población.

Economista

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Miércoles 15 de julio de 2026