Cristianismo para todos
Cada año en Semana Santa, miles de panameños y extranjeros infestan indistintamente la Terminal de Trasporte de Albrook, con miras a dirigirse al interior del país; fenómeno este que, a pesar de no sorprender a muchos, tiene implicaciones sociológicas y antropológicas bien marcadas para todo cristiano o agnóstico.
Por otra parte, independientemente de la denominación cristiana a la que pertenezca, todo creyente en Jesús experimenta en esta época una especie de éxtasis espiritual, llámese retiro, manda o penitencia; todas estas manifestaciones del fervor cristiano son enriquecidas por las monumentales misas conmemorativas, las procesiones comunitarias y las muy populares dramatizaciones de la Pasión del Salvador.
Sin embargo, otro grupo de personas aprovechan estas fechas para estar y visitar a familiares y amigos, tomar un rato de esparcimiento y descanso del afanoso trabajo cotidiano o, simplemente, realizar otras actividades más profanas, como divertirse en la playa o prepararse para festejar el Domingo de Gloria.
A pesar de todas estas variantes y expresiones humanas, debe reconocerse que estas fechas, según la opinión de algunos religiosos y teólogos, son para conmemorar y meditar el mensaje inmortal del Mesías. Razón por la cual se ha creído, no sin algo de veracidad, que cada año se está perdiendo el fervor y la efervescencia cristiana.
Ahora bien, la Semana Santa entendida como la conmemoración de la muerte y resurrección de Jesucristo es un evento sociocultural, cuyo principal objetivo es el de constituir una identidad religiosa basada en las premisas esbozadas hace dos mil años por el Salvador. Mensaje este, que a pesar de la posible opinión de muchos, entendidos y desentendidos en la fe, sigue vigente en la mente de muchas personas alrededor del mundo.
No obstante, creer en algo y aceptar la ritualización institucional de una iglesia específica son cosas distintas. Por ende, no debe juzgarse el nivel o grado de creencia o no en Cristo por medio de la devoción y sacrificio que supuestamente realicen los adeptos a la tradición cristiana católica o protestante, como lo son por ejemplo la asistencia a las vigilias, no comer carne roja, etc., ya que de este modo se estigmatizaría erróneamente el comportamiento de otros cristianos; en cambio, debemos realizar una introspección personal en busca de identificar el nivel de compromiso espiritual y comunitario que tenemos con la fe. Solo de esta manera podrá ser posible evaluar nuestras propias creencias a la luz de las enseñanzas del Maestro, sin señalar a ningún grupo social cuyas costumbres y tradiciones para estas fechas santas desarmonizan con las nuestras.
De esta forma, conmemoremos la Semana Mayor lo mejor que podamos y sintamos el mensaje de Jesús, el cual se basa, principalmente, en el amor y la tolerancia a nuestros semejantes, independientemente de que sean ajenos o no a nuestro credo y sentir religioso.
Sociólogo.
