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Crónica de una víctima del dietilenglicol


El 11 de septiembre de 2006, por orden del Dr. Rogelio Mckenzie, te hospitalizamos en el cuarto de Urgencias de la Caja de Seguro Social por un pie diabético. Al día siguiente, en la sala de endocrinología, bronco aspiraste, pronosticándote un 90 % en contra de recuperación. Con esa probabilidad, de inmediato llamé a un sacerdote conocido para lograr la Unción de los Enfermos, pero éste no llegó.

Por tu condición delicada, te transfirieron al cuarto de Cuidados Intermedios de ese piso, en donde permaneciste por algunos días, superando ese problema.

Durante tu hospitalización se interrumpió la comunicación con nosotros. Solamente te quejabas al curarte el pie y al tomar el Guayacolato sin azúcar, diciendo que esa medicina era mala! Sin embargo, con el Rosario siempre en tus manos, con tus dedos desgranabas los Ave Marías y Padres nuestros comunicándote con el Señor!

El Guayacolato te fue recetado por tu bronquitis crónica, su consumo te provocó vómitos, diarreas y el colapso de tus riñones. De incontinencia urinaria te convirtieron en continente hasta el final de tus días (Casi todos las características de Síndrome de Insuficiencia Renal Agudo).

El domingo 1 de octubre, en la tarde, nos comunicaron que te habías puesto mal. Llevamos a papá y nunca olvidaré la manera en que resplandecieron tus hermosos ojos verdes como despidiéndote de nosotros.

De regreso a casa, conduje con los ojos llorosos hasta la Parroquia de aquel sacerdote, dejándole un mensaje escrito con el sacristán, pero el mismo nunca llegó a dispensarte los santos óleos.

Esa tarde volviste a Cuidados Intermedios con una sonda, para ver si los riñones volvían a funcionar, allí los dolores y las dificultades en respirar y las convulsiones del lunes y martes purificaron y acrisolaron tu alma, al punto de comprender mejor la frase del Padre Nuestro: “Hágase Señor tu Voluntad”!

El Señor te llamó el 4 y celebramos tus exequias el 7 de octubre. Había logrado la cripta y la iglesia, pero no teníamos sacerdote seguro.

El Señor nos bendijo con la presencia de Fray Vicenzo Morgante, el cual vino manejando solo desde Colón. Su homilía hizo vibrar hasta los corazones más empedrados incluso a los poco asiduos a asistir a misa. Tú partida la aceptamos como la Voluntad de Dios. Sin embargo, en la noche del 11 de octubre el ministro de Salud reveló las causas de los fallecimientos en el Seguro: medicamentos envenenados por dietilen glicol, incluso el jarabe sin azúcar, el cual se te había recetado y medicado durante los días postreros a tu muerte.

Así iniciamos nuestra lucha para que se reconociera tu deceso por causa de envenenamiento y no quedase como una cifra de errores y omisiones. Obtuve el expediente respectivo, constatando la medicación, escribí un artículo sobre tu martirio en el Seguro, Rosita asistió al grupo de familiares y afectados por el envenenamiento en la iglesia de Guadalupe, presenté tu caso en el canal 21 en el programa Encontremos Soluciones, pronosticando que las cifras oficiales solo eran la punta del iceberg, tanto Rosita como yo presentamos sendas denuncias en el Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo, les escribí al Ministro de Salud y al Director del Seguro, sin respuestas.

No fue hasta finales de febrero de 2007, cuando el ministro vio tu expediente médico y acepto y te reconoció como víctima del medicamento envenenado.

A cinco años de tu partida, en China ahorcaron al ejecutivo involucrado en la exportación del veneno; en España, la empresa intermediaria en el comercio fue exonerada y, en Panamá, no sólo el que está preso es, ni todos los que son están! Hay muchos que por acción y omisión participaron de este envenenamiento: políticos, empresarios y funcionarios.

El expediente está en la Corte Suprema de Justicia, esperando por esta última. Nosotros, que somos hombres de fe, confiamos en que si los responsables se escapan de la Justicia humana, de la Divina no lo harán.