Crónicas deportivas
Si hace tan solo una década le hubieran dicho a cualquier panameño que la Selección de Fútbol de Panamá estaría disputando por segunda vez una final de la Copa de Oro, seguramente se reiría de incredulidad, y con justa razón, ya que este deporte en nuestro país ha pasado de ser un entretenimiento de aficionados y deleite de deportistas amateurs ; a todo un fenómeno sociológico, en el que la algarabía en las gradas, se tiñen de colores rojos en cada encuentro de la selección, al tiempo que se construye todo un imaginario sociocultural alrededor de esta disciplina deportiva; la cual, gracias al duro esfuerzo de sus jugadores, el cuerpo técnico, el Instituto Panameño de Deportes, algunas empresas privadas, los organizadores y la fanaticada, han logrado no solo constituir lo que es hoy la selección, sino que han sido gestores de su evolución competitiva. No obstante, vale la pena recordar que al igual que ha sucedido con otros deportes como el béisbol y el pugilismo, el fútbol ha tenido sus altas y bajas.
Así, en historiografía se suele hablar de continuidades y discontinuidades; lamentablemente, para el caso panameño el deporte en general ha sufrido de muchas discontinuidades que han impedido mantener un nivel importante en miras de su desarrollo competitivo. De esta forma, no es temerario afirmar históricamente hablando, que el fútbol nacional está pasando no por un buen momento, como aseguran algunos aficionados y desentendidos, sino que se encuentra en una etapa de crecimiento cuyos logros actuales no son más que la evidencia de esta continuidad. Por esta razón, lejos de premiar o castigar a la selección por sus triunfos o debacles, debemos como sociedad promover y exigir mayores esfuerzos y recursos institucionales, no solo para garantizar esta continuidad histórica en el fútbol nacional, sino en todos los demás deportes. Panamá ha demostrado que es cuna de grandes deportistas (Roberto Durán, Ismael Laguna, Panamá Al Brown, en el boxeo; Mariano Rivera, Carlos Lee, Bruce Chen, en el béisbol; Rommel Fernández, en el fútbol; Irving Saladino, en el salto alto (atletismo); y, Lloyd LaBeach en atletismo; por solo nombrar algunos), los cuales debemos considerar una anomalía en nuestra sociedad (no en términos peyorativos, sino como una curiosidad excéntrica), la cual nunca se ha encargado de apoyarlos en su proceso deportivo; más bien, ha permitido que aspectos como la pobreza, la discriminación étnica y de género, entre otras muchas desventajas y carencias, hayan ahogado, seguramente, a muchísimos otros posibles triunfadores deportivos, quienes sucumbieron en sus aspiraciones en una etapa embrionaria, producto de la desesperación y desánimo por la desidia de su sociedad.
Debemos abogar por el desarrollo continuo del deporte en todas sus ramas, no solo bajo una óptica de seguridad ciudadana, en la que el deporte se promueve mediante políticas estatales dirigidas a combatir la delincuencia o como mecanismo recreativo o de ocio para la población en general; aspectos estos muy importantes para el desarrollo de la sociedad, pero que no influyen poderosamente en salvaguardar a los deportistas profesionales y sus anhelos deportivos. En cambio, debe conceptualizarse una idea de deporte como institución social, en la que los insumos y esfuerzos (institucionales o no) generen metas competitivas y no preventivas, en la que se busque la profesionalización del deportista y no solo el entretenimiento.
Si solo observamos el concepto de deporte que poseen otras naciones que han alcanzado glorias deportivas, veremos que sus propuestas deportivas (en términos de una política nacional sobre el deporte) siempre ha sido el subsidio y apoyo financiero y logístico de sus deportistas; la mejora de infraestructuras deportivas y la promoción educativa y empresarial del deporte en general. Lo que pudiera sugerir, que las discontinuidades deportivas en la historia panameña se han debido principalmente a una falta de voluntad institucional para crear y edificar condiciones óptimas y funcionales para la estructuración del deporte como un aspecto fundamental en la sociedad; y no solo, como un efecto particular de algunas genialidades deportivas.
Si deseamos que existan mayores continuidades en el deporte nacional, debemos constituir las condiciones institucionales necesarias mediante un cambio de concepto para que nuestros deportistas alcancen mayores preseas y con una mayor continuidad.
Por ahora, aplaudamos el desempeño de nuestra selección de fútbol, la cual ha alcanzado estos gloriosos escaños, gracias a una apertura coyuntural en el deporte panameño y su propio mérito como equipo; pero sin olvidar, que aún es posible lograr mayores cosas y con más continuidad, mediante una mejor política deportiva nacional.