¿Cuáles son nuestros grandes miedos?

Por: Redacción 19/08/2017

Para empezar, hay que decir que los miedos paralizan e impiden que desarrollemos nuestras potencialidades, los dones que Dios nos ha dado. Cultivando obsesivamente los miedos no vamos a ninguna parte. Uno de esos temores absurdos que nos atormentan es el estar pendiente del qué dirán. Ponemos nuestros criterios servilmente en las manos de otros a los que hemos puesto encima de nosotros y no podemos hacer nada sin saber qué piensan aquellos sobre cualquier cosa. Nos hacemos esclavos del pensar de los demás y eso nos limita muchísimo. Necesitamos la aprobación de otros para actuar y eso te corta las alas de tu superación. Es necesario estar bien convencidos de nuestros principios y valores, de nuestra misión histórica en la vida y actuar con libertad.

Otro miedo, consecuencia del primero, es temer ser rechazado por otros y quedar marginados, aislados. En vida los grandes hombres, los que han hecho algo que valga la pena, vencen ese miedo, porque mientras más subas la colina de tus ideales más nobles, más te irás quedando solo. No hay que tenerle miedo a la soledad. Dentro de ese temor paralizante hay personas que sienten pavor a que se rían de ellas, a que se burlen. Pues eso lo hacen los irrespetuosos, los envidiosos e ignorantes con los idealistas. Más bien habría que admirar que alguien intente realizar sus ideales más profundos, aunque falle muchas veces en su intento.

Otro miedo que nos agobia es el de perder en la vida algo que apreciamos muchísimo como los seres queridos, la fama o buen nombre, la ruptura de buenas amistades, los bienes adquiridos con honestidad. Pues ante esto, un sentido de realismo profundo. La vida humana tiene un límite y después de esto vendrá la vida eterna.

Tenemos un miedo obsesivo a tener una enfermedad terminal, o perder la razón, y eso puede llevarnos justamente a enfermarnos. Por eso hay que cuidar el cuerpo y la mente. El comer sanamente, hacer ejercicio, practicar métodos de meditación y relajación, cuidar la mente para que no se llene de pensamientos negativos, no rodearse de gente pesimista, criticona y amargada, eso ayuda a prevenir enfermedades del cuerpo y del alma.

Tenemos un gran miedo al futuro, dejando que la imaginación agrande o magnifique posibles o supuestas catástrofes y esos fantasmas mentales sueltos pueden llevarnos a la depresión o incluso a la locura.

Está también el miedo a amar, a entregarnos a los demás, por miedo a ser rechazados o traicionados. Quien así viva nunca amará de verdad. Los miedos son fantasmas que pueden convertirse en monstruos y devorar nuestra creatividad, ilusión, ideales, ganas de amar, de servir, de ser útiles. Tengamos mucho cuidado con los miedos, seamos positivos, gente de esperanza, optimistas y confiando totalmente en el Señor, quien nos protegerá en todo y con quien somos invencibles.

Monseñor

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Martes 14 de julio de 2026