Cuando el fanatismo supera lo lógico
El anuncio por el papa Francisco de que el encuentro XXXII de la Jornada Mundial de la Juventud, conocida como la JMJ, sería en Panamá en 2019, cayó como un jubileo para algunos y como balde de agua fría para otros.
Antes que nada, quiero empezar por decir que soy católico apostólico y creyente de la fe cristiana que profesa la mayoría en este país, pero no ciego, sordo ni mudo.
Pero este es un anuncio del cual da mucho para pensar. Considero que fue una total irresponsabilidad de parte de nuestro gobierno, dirigido por el excelentísimo Señor presidente Juan Carlos Varela, y de la Curia de Panamá y Centroamérica, el haber candidatizado e insistido ante la Santa Sede del Vaticano el que Panamá fuera el lugar donde se desarrollara la próxima cumbre de las JMJ. Creo que a su Santidad el papa Francisco lo sorprendieron en su buena fe.
Explícome. Estamos hablando de un evento que se espera albergue a casi dos (2) millones de visitantes, o quizás más. Las proyecciones actuales de la Contraloría General de la República estiman que la población del país a julio de 2018 se distribuirá de la siguiente manera:
POBLACIÓN TOTAL: 4.2 MILLONES DE HABITANTES
Población de 15-24 años de edad: 577 mil habitantes
Población menor de 15 años: 1.1 millones de habitantes
POBLACIÓN DE LOS POSIBLES LUGARES A DESARROLLAR EL EVENTO
Población Provincia de Coclé: 234 mil habitantes
Población de Provincia de Colón: 290 mil habitantes
Población de la Provincia de Herrera: 119 mil habitantes
Población de la Provincia de Los Santos: 96 mil habitantes
Población de la Provincia Panamá: 2.2 millones habitantes
Esto quiere decir que durante la cumbre de la JMJ, se incrementará en casi un 50% la población panameña. Y específicamente en más de 300% la población joven (15 a 24 años) de Panamá. o casi 100% la población de la provincia de Panamá.
Panamá no cuenta con espacios, ni facilidades, ni solvencia económica, y en especial, ni de infraestructuras y seguridad para soportar eventos de esta magnitud. Por ejemplo, se han preguntado ustedes ¿cómo recibir por aire y tierra a casi dos (2) millones de personas que estarían en el país de cinco (5) a ocho (8) días? ¿La cantidad de funcionarios de inmigración y aduanas, la seguridad requerida para mantener la paz y tranquilidad del país, la capacidad de inteligencia policiva necesaria para identificar a posibles terroristas de ISIS que les atraiga dar un ejemplo a un pequeño país que les declaró taxativamente la Guerra? ¿Dónde hospedar a tanta gente? ¿Cómo solucionar el problema de la carencia de agua y la recolección de la basura actual que se agravará por dos (2) durante esos días? ¿Aguantará la red de tuberías de aguas servidas la carga adicional?
Dos (2) millones de personas viajando a nuestro país requieren de un estimado de unos diez mil (10,000) aviones aterrizando o saliendo de nuestros aeropuertos. Pero asumamos que un 15% venga vía terrestre por la frontera con Costa Rica, reduciriamos los vuelos a ocho mil mil quinientos (8,500). Unos mil setecientos (1,700) vuelos diarios. Tocumen para esa fecha tendrá capacidad para manejar exageradamente unas quinientas (500) llegadas y salidas al día y quizás los otros aeropuertos del país extremandamente puedan con otras trescientas (300) llegadas y salidas, lo cual en un periodo de cinco (5) días nos da un promedio de ochocientos (800) vuelos diarios… y cómo hacemos con los otros novecientos (900) vuelos/día. Es decir, aduanas e inmigración tendrían que attender a 278 personas por minuto. Si bien es cierto que la mayoría de los jóvenes acampan o se alojan en casas de familias, la capacidad hotelera no ofrecerá más de veinticinco mil habitaciones (25,000).
Esas personas que acampan o se hospedan en casas de familia tendrán necesidad de bañarse y comer y hacer necesidades. Cada persona consume unos cien (100) litros de agua/día, lo que representa una necesidad adicional por esos días de unos doscientos (200) millones de litros adicionales de agua. Y ni hablar de la basura y las aguas servidas.
Me pregunto, cuál habrá sido la opinión del IDAAN, la ATTT, Aeronáutica Civil, Tocumen, Aduanas, Migración, la Policía Nacional, el Senafront, el SENAN y la AAUD, pues asumo hicieron todos estos análisis al ser consultados para medir el impacto logístico, de seguridad y social para presentar la candidatura para ser sede de tan magno evento. Dejo por fuera las consideraciones del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) dado el hecho de que recibieron las órdenes de buscar los fondos necesarios sin escatimar recursos.
El pueblo panameño tiene tantas necesidades y prioridades, pero ante esta “oportunidad” creada, el Gobierno prefiere posponerlas y que el próximo gobierno se encargue de las mismas. Somos un Estado laico de acuerdo con la Constitución Nacional vigente, pero las acciones nos indican que somos más bien un Estado supeditado a un fanatismo religioso nunca antes visto en los 113 años de vida republicana.
No me malinterpreten. Ser católico, practicar el catolicismo y amar a Dios nos brinda la fe que todo ser humano necesita. Pero llegar a un fanatismo y utilizar los recursos del Estado, el cual debe ser un ente equitativo e imparcial, para privilegiar una religión en particular, es violatorio a nuestra Constitución.
Me pregunto si el excelentisimo Señor presidente Juan Carlos Varela, apoyaría con tanta vehemencia solicitar la sede para un encuentro mundial de la juventud anglicana o indostana o judeica. Si estaría dispuesto a proveer fondos del Estado para las mismas.
Muchos panameños ya han expresado lo mismo, y ahora pasaremos a formar parte del grupo del cual el Señor Presidente ya declaró no deberse: “a los que tienen todo y a los que lo critican todo”. Frase que también podría considerarse violación constitucional, pues él, como jefe del Estado panameño, debe velar por el bien de todos y garantizar la libertad de expresión. Uno no es electo en un puesto de esa magnitud para gobernar a unos y a otros no.
La Iglesia, en su júbilo, no se ha dado cuenta de que bíblicamente, en este caso, representan a la figura de Adán, a quien la serpiente nuevamente lo embaucó.
Detrás de todo está una jugada política finamente calculada. Estratégicamente y argumentando que enero es el mes menos caliente de nuestra estación seca, se propone esta fecha ya que julio o agosto (como se han llevado a cabo las otras treinta y una (31) JMJ) son meses de lluvia aunque siempre esté presente el veranillo de San Juan, en julio. Enero es el mes en año de elecciones donde la propaganda y los niveles de la contienda política se inician significativamente (la recta final). Qué coincidencia, que precisamente esto ocurra en estos momentos, y nuestro pueblo, históricamente de memoria corta, vea a nuestra Santidad el papa Francisco de la mano del partido gobernante. Un beneficio coyuntural.
Por otro lado, la curia centroamericana también le es conveniente que el próximo encuentro de la JMJ sea en Panamá (la fecha en este caso no era significativa) ya que posee más recursos que sus países. Es sabido que el Cardenal de Honduras, uno de los más allegados al Papa en cuestiones de Latinoamérica, sustentó la idea de “Panamá 2019”, sede de la JMJ XXXII. Esto abría la posibilidad de que su Santidad Francisco I, visite al menos dos (2) países más de Centroamérica, ya que en Panamá no hay lugares bíblicos ni nada especial religioso que amerite una larga estadía en nuestro territorio, fuera de la juventud, por supuesto, y una visita al Canal de Panamá, con lo cual da para programar una agenda de visita a otro(s) países de Centroamérica.
¿La XXXII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es beneficiosa para Panamá? Por supuesto que lo es. En adición a la visita de Su Santidad, acto de gran significancia, habrá beneficios económicos, la consolidación de la fe católica y la unión de los panameños.
¿Es lógica la selección de Panamá para este evento? A todas luces no lo es. Habrá tal caos que hará ver pequeño al infierno. Pero no importaba ya que el beneficio político de los que ostentan el poder, sobre todo en ese periodo electoral, valía la pena.
Por eso concluyo que el fanatismo superó lo lógico.
Lo que nos queda por delante en estos treinta (30) meses es un reto que espero que tanto la Iglesia como el Gobierno nos lo aclaren, en especial cuando en estos dos (2) años la planificación y la ejecución sufren de calambres en sus articulaciones.
Dios nos ampare y nos guíe en este viacrucis que nos espera, para poder sacar adelante este capricho religioso.