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Cuando el placer y los negocios sí se mezclan…

Por: Redacción 29/09/2013

Fidel Reyes E. (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Desde hace mucho tiempo este ha sido quizá uno de los slogans más comunes que escuchamos en las corporaciones, sin embargo yo me atrevo a decir que en el Valle de Antón “los negocios y el placer sí se pueden mezclar”.

Recientemente acudí a una reunión corporativa donde revisaríamos los avances y logros del año y los objetivos para el cierre 2013 y algunos planes para el 2014. Esta reunión se llevó a cabo en un lugar por demás mágico, rodeado de verdor, montañas, niebla, lluvia, sol y un trato muy cordial, el cual comenzó el viernes con una espectacular cena frente a la piscina de La Casa de Lourdes, donde 14 de nosotros pudimos escoger de un menú con opciones muy, pero muy interesantes de platillos por demás exquisitos, preparados con delicadeza, buena porción y temperatura, el sabor aún mejor, un ambiente acogedor donde estos se crean por sí solos, incluyendo una entrada simulando una gran casona, todo al ojo de su propietaria, quien cuidando hasta el último detalle nos ofreció una deliciosa velada y un inicio de reunión muy diferente a cualquier reunión de trabajo. Cuando nos convocaron e informaron del lugar, me di a la tarea de investigar un poco más de él y me percaté de que era ideal para trabajar y al mismo tiempo mi familia disfrutara de todos sus servicios, cuando les mostré a mis hijos las fotos del lugar, no dudaron en “acompañarme a mi reunión de trabajo”.

Una vez terminada la velada, nos dirigimos caminando por un espectacular camino empedrado a nuestras habitaciones en el Hotel Los Mandarinos, diseñadas al mejor estilo toscano, con una amplitud envidiable y con todos los servicios que ofrece un hotel de primera categoría, con una arquitectura del paisaje, colores y vegetación que se integran en un solo espacio haciendo de nuestra estadía una aventura espectacular, los servicios de WIFI, cable, caja fuerte, nevera, aire acondicionado, en fin todos estaban ahí, es más ¡un calentador de toallas fue la nota con mis hijos!, un detalle que hace la diferencia.

El sábado muy temprano la niebla y alguno que otro pájaro desvelado nos despertó, disfrutar de un café mientras observas el Gaital y escuchas a la naturaleza es por demás una “experiencia religiosa”.

Si bien es cierto estamos acostumbrados a una velocidad citadina, en el Valle de Antón debemos bajar las revoluciones para poder disfrutar de sus encantos, como el desayunar en la terraza frente al jardín, que enmarca las diferentes edificaciones del hotel, y descubrir algunos sabores típicos, acompañados de un buen café; Después la sesión esta por comenzar, es hora de conectarse a la realidad laboral que nos trajo hasta aquí.

Como en un hotel de la ciudad, pantalla, proyector, conexión de internet, servicio de coffee breaky montaje del salón están listos, el personal con una sonrisa te invita a pasar al salón y pregunta si falta algo más…… todo está en su lugar, mientras yo trabajo, mi familia empieza a disfrutar de la piscina y el spa del hotel.

Una vez terminada la reunión el cierre no puede ser mejor, los resultados del año son favorables y el BBQ servido en O’Pedros Restaurant está verídicamente para “chuparse los dedos”, chorizos, costillitas, tasajo de pollo, mazorca, filete de res, salsas BBQ, ají chombo, vegetales al vapor y ensaladas complementan un exquisito menú, el clima cambiante, una lluvia torrencial que en solo minutos desaparece, perfecto para disfrutar el tiempo que nos queda.

Una vez terminado el “tiempo corporativo” nos dimos a la tarea de explorar El Valle, visitamos el Chorro Macho y por supuesto hicimos el Canopy donde chicos y grandes disfrutamos de las alturas y al mismo tiempo de la naturaleza, arneses, cascos y todos los dispositivos de seguridad.

Grata sorpresa al visitar el “Chorro Macho” y adentrarse en el bosque lluvioso, eso sí, traer el calzado adecuado para no resbalarse y tener lista la cámara o celular, los escenarios para fotografía son por demás bellos, con decirles que hasta los puentes colgantes se convirtieron en marco de fotografías de la familia.

De ahí directamente al Níspero, con menos de 24 horas debíamos conocer lo más posible, entre ranas, guacamayas, gansos, avestruces, peces, monos, cocodrilos y palomas; la variedad de sonidos y cantos era sin igual, ideal para que los chicos conozcan y entiendan que un Ipad no suple a la naturaleza.

Antes de retirarnos hicimos algunas escalas, primeramente el mercado de El Valle, donde variedades de orquídeas y otras plantas son el deleite de locales y visitantes, artesanías y uno que otro dulce nativo son escogidos por mujeres quienes buscan llevar un recuerdo o regalo a familiares a la ciudad de Panamá.

Almorzar en Bruschetta fue un gran acierto, platillos para todos los gustos con porciones de gente grande y sabores muy del interior, corvina, patacones, pasta, filete de res, deditos de pollo y ensalada de la casa, el valor por el precio pagado cumplió su cometido, era hora de tomar camino de vuelta a Panamá, escapar no fue fácil, ya casi por salir entramos al coffee shopdonde el café, los helados y los brownies fueron la cereza del pastel.

Seguramente pronto regresaremos a El Valle de Antón… donde el placer y los negocios sí se mezclan.

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Jueves 13 de agosto de 2026