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Cuando el puesto te queda grande

Por: Redacción 27/09/2016

Ninguna posición por muy elevada que sea, debe cambiarte ni comprometer tus principios. Dios siempre está en lo alto, más allá de tus expectativas, su verdad purifica y jamás patrocinará irregularidades, vengan de donde vengan, llámese nobles o plebeyos, simples feligreses o pastores. Lo malo es malo, no importa su origen, el pecado es pecado, no importa quién lo cometa.
La fe y la política son incongruentes entre sí. Pueden convivir en el mismo sitio por condescendencia, pero nunca matrimoniarse.
La fe no es negociable y la política es un negocio con la capacidad de quebrar la decencia de hasta el más honesto.
Dios no patrocina desmanes, no protege la injusticia, no abriga la mentira.
Dios es santo, todo lo irregular se derrite, cuando Dios aparece y se manifiesta. No podemos engañarlo.
Solo el perdón cambia las cosas, cuando lo pides o lo das.
Solo dar pasos atrás, solo detenerse cuando lo que haces no tiene sentido o simplemente forma parte del camino ancho que lleva a la perdición, cambia el juicio de Dios.
Nuestras mayores equivocaciones se dan cuando dejamos a Dios en segundo plano, cuando cerramos los ojos en medio del pecado, para no ver que pecamos.
Cuando los que nos rodean vitorean nuestras imprecisiones morales, cuando idolatramos nuestras equivocaciones, cuando vemos el pecado en todos, en los demás, pero no somos capaces de reconocer nuestro propio pecado, ni siquiera en la misma puerta del infierno.
El proclamarse cristiano no es bandera para ocultar el pecado, para acariciarlo, para justificarlo, para mantenerse en un puesto por muy grande o elevado que sea.
 Dios sigue quitando y poniendo reyes, Dios sigue mudando presidentes, diputados y alcaldes, hoy, sin necesidad de inquisidores.
Dios es y será soberano y luchará hasta que estemos por entero del lado correcto, de la verdad, de la honestidad y de la justicia.
Y si no, te soltará para que vueles hacia el lado incorrecto o aprendas a volar hacia el lado correcto, aun en medio de la tormenta.
No te critico porque te hayas equivocado o pecado, te critico por no reconocer que lo hiciste, por tratar de ocultar tu pecado como el rey David.
Todo lo oculto sale a luz, no importa quién haya cegado la fuente de luz.
El creer que porque una nube de testigos no te vio, el mundo no sabe, es un engaño, una soberbia equivocación que te aleja de la grandeza de ser humilde.
Dios no puede ser burlado, todo lo que el hombre sembrare eso también cegará, tarde o temprano, mañana o dentro de cinco años.
Errar es de humanos, reconocer las fallas, solo de los grandes.
Si no has tenido esa gran manifestación de humildad, es porque sencillamente el puesto para el que te eligieron los hombres, te queda grande.
La sencillez de la humildad es lo que te hace grande.

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Jueves 23 de julio de 2026