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Cuando escoges mal


Recuerdo que justo cuando se discutían las reformas fiscales promovidas por el ex presidente Martín Torrijos, le conté al entonces ministro de Economía y Finanzas ,Catín Vásquez, que en un foro había escuchado a dos expertos irlandeses comentar sobre lo que se intentaba hacer en Panamá y decían que esto resultaría en cierre de comercios de forma masiva, eliminaría la clase media en un par de años y aumentaría el desempleo dramáticamente. Días después el actual Presidente de la República suscribía esas afirmaciones. Al ministro mencionado no le preocupó. “Ellos se equivocan”, me dijo mientras se acomodaba su mochila y se aprestaba a entrar a su vehículo azul eléctrico.

Hoy esos expertos deben estar sacando cuentas para ver cómo devolverán la plata a los acreedores europeos luego del salvamento al que han tenido que recurrir. Y a nuestro pequeño país no le sucedió nada de lo pronosticado apocalípticamente. Es más, el actual Presidente les dio la razón a los expertos equivocados y gracias a eso viaja en un avión del estado casi nuevo.

Pero volviendo al ex ministro de Economía, se empeñó en algo importantísimo para cualquier economía de mercado próspera: la recaudación fiscal. El economista David Saied aseguraba que aproximadamente el 3% de la población de nuestro país gana más de 800 balboas, que es el grueso de los contribuyentes actuales.

Parece poco pero Panamá es un país con una cantidad de millonarios apreciables y negocios extranjeros que dejan multimillonarios impuestos a las arcas del estado. Lo malo es que nuestra población no ve esos recursos traducidos en políticas públicas. Por eso el panameño es experto en quejarse. Imagine por un momento que los municipios de Panamá, Colón y San Miguelito estuvieran dirigidos por administradores austeros y con un plan realizable. ¿Pero de quién es la culpa de que lo que tengamos sea todo lo contrario?

De la efectiva recolección de los mismos depende que este país no tenga que recurrir a deudas impagables como ocurrió en los setentas. Pero también hay que trabajar en la distribución de la riqueza con eficacia. Recuerdo a una directora de la Dirección General de Ingresos presentar sus cifras de excedentes en las recaudaciones. El resultado era como pronosticar el clima en octubre: “Seguro hay cierre de calles mañana”, me comentaba un funcionario cuyo vaticinio siempre ocurría. Es que tenemos que comenzar a confiar en el administrador de nuestros recursos, pero para eso debemos empeñarnos en escoger las personas adecuadas para dirigir el país.