Cuando la confianza se va, no vuelve ni con cuentos...
No hay confianza en el sistema de justicia.
Ninguna persona con apellido aquí va a la cárcel, me decía Carmenza Spadafora en una entrevista.
Le duele tanto hablar de la muerte de Hugo que se le parte la voz solo de recordar los testimonios durante juicio de su hermano decapitado durante la dictadura militar. En octubre de 1993 el Tribunal Superior de Tercer Distrito Judicial sentenció a 20 años de prisión a dos de sus autores materiales y al ex dictador Manuel A. Noriega como instigador. El fallo fue ratificado por la Sala Penal dos años más tarde. Estas personas salieron de prisión bajo libertad condicional a principios del año pasado. El resto de los implicados, siete, corrieron con mejor suerte; fueron absueltos por un jurado de conciencia.
Por esta condena, además del caso Heliodoro Portugal, debe rendir cuentas ante la justicia el ex hombre fuerte.
Este último punto es el que motivó a la familia Spadafora a solicitar que Noriega sea juzgado en Italia, donde nació el padre de Hugo. Mas irónica no puede ser la vida, considerando que su hermano de sangre, es magistrado en esta casa de justicia.
Mas claro no puede ser; no hay confianza en la justicia. Al menos para Carmenza y su familia. El problema es que tampoco hay credibilidad en los partidos políticos, en las instituciones, en los funcionarios de alta jerarquía, o en el parlamento nacional. En el ejercicio del cargo los funcionarios no parecen hablar con claridad, omiten, tapan, mienten, sueltan verdades a medias.
Este contexto parece acentuarse cuando se suman grupos comunitarios insatisfechos por las respuestas del gobierno ante necesidades básicas insatisfechas, y esto genera no solo desconfianza, sino frustración. Tome el ejemplo de la CSS, un demoradísimo caso del dietilenglicol donde los afectados no ven claro quiénes son los responsables, o cuántos afectados hubo en realidad. Con esta experiencia, ¿qué esperanzas cree usted que puedan tener las víctimas por la bacteria asesina en esclarecer su caso? ¿Tendrán que esperar otros 5 o 6 años a que las autoridades hagan sus correctivos? ¿A quien no enfurece una situación así?
Y así, como una cadena dominó, aumenta el escepticismo como resultado del impacto sistemático de la crisis gubernamental causando una transformación en la credibilidad y confianza del ciudadano hacia el gobierno.
Con los años, no muchos considerando el desgaste, pueden ocurrir dos hechos drásticos; un sistema autoritario o un movimiento social incontrolable que pida a gritos una recompostura del sistema. En ambos casos el resultado, posiblemente, no represente el bien para la mayoría y produzca un grave desafecto de la ciudadanía a la democracia.