Cuando la justicia es ciega
Propensos como muchos a copiar las cosas malas de los Estados Unidos, pasamos por alto los ejemplos que en el renglón justicia del Norte nos brindan regularmente a sus conciudadanos. Logran demostrar que cuando la justicia es impartida no puede distinguir entre el color de la piel, ni lo lleno de los bolsillos del denunciado, sino quien ha faltado y quien no, quien ha delinquido y quien es inocente. Por eso la justicia siempre debe ser ciega e imparcial.
En las últimas semanas esos ejemplos se han multiplicado. El antes “poderoso” Congresista de Harlem, Nueva York, de 80 años, Charles Rangel, sus colegas congresistas lo condenaron por violar los principios éticos de su cargo; no reportaba ingresos recibidos y no reveló propiedades que tenía en República Dominicana. Tom Delay, republicano, segundo en poder en el Congreso en el primer mandato de George W. Bush, podría ser condenado a cadena perpetua al condenársele por cargo de lavado de dinero, el cual utilizó para reelegirse en su curul y financiar a legisladores estatales, que posteriormente lo beneficiarían en el rediseño de su distrito electoral.
Recientemente en Nueva York, el ex Zar de la recuperación automovilística emprendida por el Presidente Obama dos años atrás y que tuvo a cargo del manejo de cientos de miles de millones de dólares para inyectárselo a la quebrada industria, Steven Rattner, fue obligado a pagar millones en investigación sobre el mal uso que hizo a fondos de pensiones que su empresa manejaba. De nada le valió su relación de gerente financiero del Alcalde de Nueva York y menos aún su relación con el Presidente que lo nombró en tan delicado cargo durante lo peor de la crisis económica.
¿Podremos en Panamá aspirar a una justicia ciega como la que regularmente se aplica en los Estados Unidos, donde la justicia demuestra su independencia con investigaciones al margen de la política, con competentes fiscales y probados jueces? ¿En donde el peso de la ley cae por igual al juez o al fiscal que se le comprueba un hecho delictivo? ¿En dónde el equilibrio de los poderes del Estado es el fundamento de su sólida democracia?
La democracia no es sólo votar cada cuatro o cinco años. Es participación a través de los medios de comunicación; el derecho a ser escuchado y ser informado. El contar con una prensa libre e independiente y gobernantes respetuosos de las ideas. Pero sobretodo, el estar seguro de que la justicia se impartirá por igual a todos, sean pobres o poderosos, sean blancos, amarillos o negros. Sin esas condiciones, la democracia no pasará de ser formal y servirá de caldo de cultivo para los que se aprovechan de los tantos errores que se cometen para convertirlos en caldos de cultivo de regímenes ajenos a la idiosincrasia de nuestros pueblos.
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