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Cuando la percepción es la realidad
Ingeniero y Comunicador Social
Palabras más, palabras menos, la percepción de un país paralizado económicamente es comentada por casi todos, de cualquier clase social y económica en el país. Y con esto no estoy escribiendo que sea así. Pero en nuestros tiempos, la percepción es la realidad. No se puede tapar con un dedo lo que se convierte en lo que hay.
Me llama la atención que, después del Canal de Panamá, las industrias del turismo y de la minería estén pasando trabajo por diferentes razones. Si esto es así, la línea de flotación de nuestra diversificada economía ha sido agujereada y es el momento de actuar en consecuencia.
LO QUE MÁS ME PREOCUPA ES QUE NO SE VE, DENTRO DEL EQUIPO DE GOBIERNO, LA GENERACIÓN DE IDEAS QUE REVIERTA ESTA SITUACIÓN. DA LA IMPRESIÓN DE QUE HAY FRACTURAS DENTRO DEL GOBIERNO ENTRE LOS MINISTROS QUE SE ENCUENTRAN ABRUMADOS POR TANTO TRABAJO CONTRA LOS QUE SE LA PASAN VIAJANDO O TOMANDO CAFÉ EN RESTAURANTES DE LA LOCALIDAD...
Cuando uno pregunta a los principales personeros del Gobierno cómo van a resolver los múltiples problemas del país, no los graves, los del día a día, da la sensación de que improvisan y que los mismos los toman por sorpresa cuando tienen ya casi un año en sus cargos.
Hay sectores que definitivamente están sumidos en un impasse. El caso del sector agrícola es complicado porque, aunque este gobierno decida actuar en consecuencia ante los graves problemas que la desidia de varias administraciones gubernamentales ha provocado en esta actividad, se necesitará mucho más que un periodo gubernamental para ver resultados.
Panamá es constantemente vilipendiado por medios extranjeros sobre su condición de paraíso fiscal. El enorme poder económico de los competidores de nuestro sistema financiero bancario no escatima esfuerzos en utilizar sus contactos en esos medios para, utilizando prensa negativa y relatos de posibles operaciones de lavado de dinero de cuanto corrupto hay en el mundo, involucrando ya sea a instituciones financieras o despachos de abogados locales como los residentes de las empresas ilegales o cuentas bancarias para consumar estos posibles hechos delictivos.
Entonces, si estas cosas se saben, no se entiende la pasividad. Para que nos entendamos, esta administración gubernamental está a la zaga del gobierno de Mireya Moscoso, lo cual ya es mucho decir. Es cierto que el daño provocado por el gobierno anterior a las finanzas del Estado es importante, sobre todo en obras de cuestionable utilidad o ejecución al menos opinable, pero aun así no se justifica la situación de un país que encabeza el crecimiento latinoamericano.
Otro mito que difunden los personeros del gobierno actual es que el crecimiento del país se debía a los proyectos del gobierno anterior y que este paso era insostenible. La verdad es que el gobierno pasado nunca logró llegar a los números de 2008 cuando Panamá fue el país de mayor crecimiento del mundo sobrepasando los 2 dígitos, y que yo recuerde, en ese entonces el proyecto de mayor importancia, la ampliación del Canal de Panamá apenas estaba en fase de movimiento de tierra.
Lo que más me preocupa es que no se ve, dentro del equipo de Gobierno, la generación de ideas que revierta esta situación. Da la impresión que hay fracturas dentro del gobierno entre los ministros que se encuentran abrumados por tanto trabajo contra los que se la pasan viajando o tomando café en restaurantes de la localidad en horas y días de oficina. Claramente, el presidente Varela prefiere estirar la soga todo lo que pueda antes de que se le señale por hacer lo mismo que él terminó acusando al gobierno pasado cuando se le destituyó como canciller.
El presidente parece no conocer una situación futura que le ha pasado a todos sus antecesores: después del final del segundo año de su mandato, es casi imposible sumar a independientes u otros posibles colaboradores como ministros y viceministros para oxigenar el Gabinete. Ya para ese momento, de mantener el actual ritmo, la situación hará crisis y sería poco real que un profesional exitoso abandone su práctica privada para terminar en una administración gubernamental que nadie recordará gratamente. Esto último, insisto, si no se toman las medidas correctas ahora.
Ya para estos días, la situación no pasa solamente por evaluar un recambio de estrategia, sino de acciones específicas, incluso de la misma filosofía con la que se inició el mandato presidencial. Se tendrá que revisar lo que se hace en la Asamblea Nacional y buscar formas de lograr el consenso de todos los sectores políticos para lograr aprobar, con el menos costo político posible, cambios estructurales profundos que logren cambiar la percepción actual.
La percepción es la realidad cuando se evalúa esta última desde el contexto político. Eso lo sabe todo mundo. Lo que no saben todos es que no se puede pensar que las cosas se resuelven solas y no pagar el precio de ese error. Espero, por el bien del país, que esto no sea así.