Cuando la renuncia sosiega las masas, crece la impunidad
No son las visas estadounidenses las que deben marcar la temperatura sobre la gestión de los funcionarios panameños.
Pero pareciera ésta una forma efectiva para provocar las renuncias de quienes han sido duramente cuestionados mientras calentaron la silla pública. Irónicamente las investigaciones de la procuraduría no los alcanzan. Muchas de ellas mueren en la cuna, sin resultados.
En cualquier país serio, con un sistema judicial independiente, habría motivado la separación del puesto, o una pesquisa ágil.
Pero no, eso se lo dejan mejor a los gringos, como si fuera que van a venir a componer todo.
Los norteamericanos tienen sus propias formas de investigar quién anda en qué, tal vez por eso se atreven a dar o quitar visas según la calificación que cada funcionario obtenga.
También se tiene la idea de que la renuncia es un sinónimo de justicia.
Es decir, aquí quien ocupa un cargo público puede hacer lo que le da la gana hasta que ocurran dos cosas; o le quiten la visa los gringos, o hasta que los escándalos lleguen a tal punto que se vean obligados a dejar el puesto.
Pero de ahí a quedar presos, que va, nadie se mira en ese espejo por una simple razón; las investigaciones no quedan en nada. Luego entonces, lo que pareciera reinar es la impunidad, la anarquía y la embilletada mientras se pueda.
La renuncia es una forma de aplacar los ánimos sociales, se asemeja a un castigo ante las cuestionadas actuaciones, cuando en realidad es un pase al goce de los bienes o dineros que se pudieran haber adquirido en forma indebida durante su gestión.
¿Quién investiga a estos individuos? La justicia queda relegada dejándonos a todos una sensación de impunidad y burla.
Tal vez esa persona, a la que se le reprimió la visa, no pueda pasear por las calles de la ciudad de Miami, pero aquí se burla en nuestra cara de todos nosotros y de la justicia sin causar mayor oleaje.
Es una verdadera mofa al sistema, a la sociedad, a la independencia de poderes y al intelecto colectivo.
¿Es acaso más importante no poder pasear por las calles de Miami mientras aquí se inmunizan de sus actos burlándose de todos nosotros?
¿Cuál es nuestra lista de prioridades como nación, como nos vemos reflejados en el futuro; seguiremos en forma espiral con los escándalos hasta topar la calma del menos pudientes o del que no tiene palanca en la Corte Suprema de Jiusticia para salir librado?
