Cuando las mujeres lloran a escondidas
No es totalmente cierto que todos los matrimonios sean infelices, pero, tampoco es totalmente falso que exista una gran cantidad de mujeres amargadas, tristes y decepcionadas del matrimonio. Hoy nos encontramos una gran cantidad de mujeres que han sufrido en carne propia, el ilustre desamor de su cónyuge.
La norma, que regula los asuntos de familia, tipifica la infidelidad y otros malos tratos, como causal de divorcio entre la pareja, pero no me vengan a decir a mí, que tanto el hombre como la mujer, están empate en materia de infidelidad. Lo que sucede, es que muchas mujeres se han convertido en poco importa de sus cónyuges, porque de una u otra forma se cansaron de sufrir. Ella se cansó de ser la esclava que lava, plancha, baña al perro, cuida de los hijos; ya no le sorprende en el cuello de su esposo, uno que otro chupete e innumerables huellas de infidelidad. La soledad se ha convertido en su consejera; ella mira a la vecina chismosa; a la madre que no gusta del yerno o algún sinvergüenza esperando la grandiosa oportunidad que le permita ser aquel amable psicólogo, quien ni en su casa practica lo que predica, aprovechándose de las mujeres deprimidas en la calle.
Enfrentar la alta incidencia de hogares rotos, no es solo responsabilidad de la pareja por ser protagonista en el tema, sino también, de toda la sociedad y máxime la iglesia, educando a los padres para que aprendan a ser responsables; que transmitan a sus hijos grandes valores. Ellos deben mitigar la cultura machista, esa que solo espera que la mujer sufra como una desgraciada y que no se queje. Esto es lo que conlleva a muchas mujeres a callar y a sufrir en silencio.
Todavía no entendemos que Dios nos ama y no quiere que suframos. ¿Cómo es posible que el maltrato de un hombre lleve a una mujer a sentirse como un trapo o un objeto sin valor? Es más, a perder su autoestima hasta el punto de perderse ella misma. En nuestros días, existe un accionar del Estado, en cuanto a materia de familia, que le da la oportunidad a la mujer o a los miembros del grupo familiar de elevar sus quejas, donde equipos multidisciplinarios del MIDES, la Fiscalía de Familia y otras organizaciones creadas para la mujer maltratada, estarán prestos a brindar su asesoría. La ley ampara y protege a la mujer maltratada y a sus hijos, e incluso hasta los que no son de su actual matrimonio, ya que son menores y merecen protección, seguridad y estabilidad emocional.
Hacia allá caminamos y en poco tiempo habrá un cambio de actitud, lo que permitirá fortalecer la institución más importante, el núcleo de la sociedad… la familia.
Abogada, docente y periodista
