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Cuando matamos la vida


Cuando agredimos y violentamos a la vida en cualquiera de sus manifestaciones, nos hacemos igual daño a nosotros mismos. La Vida es una sola y somos parte de lo que existe. No es sólo que la vida nos devuelve lo que hacemos, sino que inmediatamente nuestros actos contra alguien o algo se realizan contra uno mismo. “Somos uno” sin dejar de ser personas y todo influye en todo de manera tal que la deforestación del Amazonas repercute en el clima de Holanda, y la perversión moral de un grupo de drogadictos en una discoteca de Londres o New York influye de una manera u otra en la vida juvenil del entorno y pueden llegar sus ondas vibratorias negativas hasta Oceanía. ¡Estamos comunicados!

Todo tiene que ver con todo y en el caso suyo, su vivencia rencorosa que lanza vibraciones negativas contra alguien, no solo repercute en usted mismo, sino contamina el ambiente hogareño suyo y degrada la calidad de vida familiar. Todos tenemos una profunda fuerza vital que se manifiesta en pensamientos, emociones, sentimientos, y por supuesto acciones que tienen el efecto cósmico de ondas concéntricas que se expanden de manera casi ilimitada.

Cultive buenos sentimientos, active sus mejores deseos y practique la bondad y generosidad, lanzando de manera ininterrumpida actos de amor a los que lo rodean que son como bendiciones que a su vez se expanden por todo el universo. Aumente así usted la exuberancia de la Vida y haga crecer la vitalidad del Cuerpo de Cristo. Usted es una síntesis consciente del universo creado y por ser a imagen y semejanza de Dios, contiene realidades como la Verdad, la Bondad, la Belleza y el Amor. Debe manifestarlas y sentirse auto realizado.

Todo viene de la fuente que es Dios y por lo tanto, Él está en todo y todo en Él. Desde los átomos, pasando por los organismos cada vez más complejos, todo contiene inteligencia que mueve a todos los seres hacia el desarrollo y comunicación con lo demás. Nosotros mismos, además de ser alma y espíritu, tenemos un cuerpo cuyos órganos gozan de una “programación” inteligente, siendo cada uno, un “microcosmos” que avanza dentro del gran universo que tiende hacia su plenitud en Cristo, quien es el Alfa y la Omega. Todo está sincronizado y se mantiene en armonía.

Si todo es vida y participa de Él, todo es sagrado, por lo que hacer daño a cualquier ser es ofender a su Creador. Conviértase en un defensor de la vida, sabiendo que al desarrollar nuestro ser en favor del Bien, nos hacemos más plenos y honramos al Dios de la Vida con quien venceremos a la cultura de la muerte, porque con Él somos invencibles.