Cuando se pierden las formas
Cuando se pierden las formas de lo racional, se confunde el uso con el abuso de las cosas y, así, por mucho desarrollo que nos inventemos, éste no avanzará responsablemente. Ya me dirán cómo podemos alimentar a una población que aumenta cada año, mientras los precios mundiales de los alimentos se disparan o cómo podemos mejorar la salud de los humanos si los agentes contaminantes, lejos de cesar en su atroz guerra, se incrementan por la irresponsabilidad de la especie. Debiéramos crecer y aprender de lo vivido, puesto que no hay otro responsable de lo que sucede en el planeta que el propio ser humano.
Las mujeres y los niños del mundo necesitan más que ofrecimientos, realidades de cambio. Lo importante es amar sin condiciones, ni condicionantes, a quien puedas y como puedas. Con urgencia debemos, pues, poner valor a la vida e injertar lo valioso que es una sociedad racional para ilustrar la mente y no perder las formas. Las autoridades, en todo caso, han de ser las primeras en comprometerse en lo de poner orden, calmar los ánimos, y en tomar buena nota de las preocupaciones legítimas de la gente. Los enfrentamientos violentos no conducen jamás a buen puerto, generan más violencia y más dolor. El fanatismo ciego nos conduce a la destrucción sin límites, erosiona todos los derechos humanos, llevándonos al desmoronamiento. El mundo no puede dejar perder sus formas innatas, su gnosis natural, de defensa y protección al ser humano y a su hábitat. Hagamos todo lo que esté en nuestras manos por poco que parezca.
