¿Cuarto poder?
Sacerdote de la Iglesia católica
Qué fallas observo en este sistema estatal, al saber que a la Asamblea Nacional, un organismo tan cuestionable, le corresponde decidir quién es corrupto o no en Panamá. Cuando a los dueños de estas televisoras se les ocurre endilgar a alguien, etiquetándolo de culpable, toda la sociedad debe aceptarlo. Aquí se dice el nombre de alguien, se le denigra, se va en pos de una cacería, sin respetar la privacidad, se le exhibe, se le ofrece al escarnio público, se le “condena”, y después, sarcásticamente, se apela al principio de presunta inocencia.
En este país, las instancias judiciales parecieran estar a merced de quienes ostentan el poder detrás de algunos medios de comunicación afines al gobierno de turno, o a los partidos políticos que, en alianza de Herodes-Pilato, dirigen a su antojo a la Asamblea Nacional.
Viajando en un taxi oía a un “analista” decir que “en ese país se acabó la impunidad”, pero aquel señor estuvo muy ligado a la dictadura militar, y me gustaría saber si será capaz de pedir que se investiguen las irregularidades de esa época, o los casos de corrupción de los quinquenios “panameñistas” y “perredistas”, o las denuncias de malversaciones que se sospechan se dieron en los dos años en los que el actual mandatario compartió con el gobierno anterior.
Por otro lado, me gustaría ver la reacción de aquellos que hacen fiesta cuando ven escarnecida a una persona en televisión si esa situación les afectara directamente.
Los dueños de estos medios de comunicación jamás darían tanta cobertura a un caso en el que se viera peligrar la fama de un pariente o de un “amigo”.
Cuando las autoridades de su tiempo azuzan a la muchedumbre para que crucifiquen a Jesús de Nazaret, por más clamor popular, Pilato permite que el acusado se defienda, y es solo cuando escucha que citan a César Tiberio se acuerda, da espalda a los principios y dictamina la muerte del Mesías.
¿Quiénes serán los Tiberios que estremecen las conciencias más rectas de este país?
Aquí se nota, más una sed de venganza callejera, que un sano deseo de esclarecer los hechos de supuesta lesión patrimonial, todo aupado por la función mediática parcializada.
La Sociedad Interamericana de Prensa, que tanto cuestiona la persecución de los sistemas socialistas, parece que no ve ni oye la manera vergonzosa como se ejerce el periodismo en este país, donde los jerarcas de estas empresas privadas son los que se abrogan el derecho de decir quién es corrupto o no, antes de que las instancias correspondientes investiguen y dictaminen.
Sé de periodistas responsables, con valores cristianos, que prefieren no sintonizar los noticiarios de las televisoras para las que laboran, y eso les sucede a muchas personas que nos toca guiar a diario.
A muchos feligreses les aconsejo comprar periódicos, porque el papel “no habla,” o que accedan al internet.
Cuando un juicio se vuelve espectáculo para el populacho, se vicia un fundamento de todo pueblo: el respeto a la persona, y se lesiona la paz.
Usted, que lee este artículo, ojalá que no le tocara ser pieza de exhibición pública para aumentar los niveles de sintonía de una televisora, sea culpable o no. Medítelo y ore por esta nación.
¡Que viva la República del istmo de Panamá!