¡Cuidado con la ira!

Por: Redacción 19/08/2011

La ira es como una tormenta en el mar que no respeta nada de lo que aparece en su entorno, pero con otro ingrediente: las olas continúan mucho después que la tempestad se apacigua. La turbulencia de la ira no puede aquietarse al instante. La ira asciende en intensidad hasta convertirse en “un enjambre de avispas” que ataca, dejando heridas en el cuerpo de la víctima. La excitación de la ira enciende energías escondidas que como un volcán en erupción estalla llevando a la destrucción de otros y de uno mismo.

Mucha gente padece de explosiones de ira que aún después de un largo rato de haberse dado siguen ocasionando malestar mental y físico. Lo peor es que la trascendencia de su ira en otras personas dura más tiempo y con consecuencias peores que las suyas. Estas reacciones emocionales ha destrozado matrimonios, aniquilado familias, echado a la ruina empresas y ha provocado crímenes horrorosos. El gran reto nuestro es controlarnos en las situaciones más adversas. Esto implica mucha personalidad, conocimiento de uno mismo y cercanía al Dios de la Paz.

El malestar que viene después de un estallido de ira es el de agotamiento físico y mental, dejándonos sin armonía interna. Luego al reflexionar sobre lo sucedido, normalmente viene un sentimiento de culpa que lo hace a uno sentirme peor.

Habituarse a vivir estos ataques de ira es situarse a merced del “yo inferior” donde están en desorden acumulados todo un sistema de energías agresivas y destructivas. Cuidado pues con esa “bestia” que todos llevamos dentro. La ira es un “auto veneno” que hiere profundamente a los demás convirtiéndolos al final en enemigos de uno. No importa que sea la esposa, los hijos, socios de un negocio… es difícil encontrar personas que aguanten sin límites a un enfermo de “rabia emocional”. Entonces, ¿qué hacer con la ira? Tomar conciencia de que la ira enferma y ocasiona problemas serios en su entorno. Que amarga la existencia y puede ocasionar daños irreversibles.

Cuando uno siente que viene un enojo fuerte, se aconseja dilatar, postergar la reacción diciéndose: “esto lo veré más adelante; voy a darme tiempo para pensarlo”. Contar hasta “cien veces”, inclusive respirando hondo, antes de hablar. Salir y dar un paseo . Recordar los momentos de enfados y las tristes consecuencias que se han tenido. La clave es “darse tiempo” y pensar bien antes de hablar.

Sepa que la ira puede controlarse, ya que todas las emociones son respuestas a estímulos. Hay que perdonar 70 veces siete. Y recuerde, si pide al Señor con fe, El lo librará de la ira destructiva, porque con El usted es invencible.

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Jueves 28 de mayo de 2026
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