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Cuidado con los minutos fatales


Comentaban en el café el acto cometido por un futbolista panameño contra una lechuza que servía de mascota durante un partido que se celebraba en Colombia, acto que ha sido muy comentado en todas partes contra el deportista panameño.

Se habló también de la vez que un diputado de nuestro país, hace muchos años, le pegó un tiro a un caballo de su propiedad porque había perdido una carrera muy importante en el hipódromo.

Yo me fui en mis reflexiones por el mundo entero. El gran estadista francés Charles De Gaulle recomendaba en sus Memorias, que una de las principales cualidades que debe tener un estadista, es la de no olvidar la estupidez que con frecuencia encontrará en sus actos de gobierno. El estadista debe estar advertido para evitarla hasta donde sea posible.

Recordé que Napoleón Bonaparte, a quien se le podía acusar de todo menos de bruto, decía que en la mayor parte de los disparates que había cometido en su vida, estaba la estupidez. Y viendo lo que ha hecho el gobierno panameño al deportar al periodista español, Paco Gómez Nadal y a su compañera, Pilar Chato, recordé la anécdota de Napoleón, cuando uno de sus ministros le sugirió desterrar a un enemigo suyo porque no había manera de silenciarlo. “Desterrarlo- le dijo Napoleón- ¿ para qué? Para que vaya por todo el mundo hablando mal de mí… No, déjenlo que diga lo que quiera acá, donde lo tenemos cerca…”.

Hace muchos años, el escritor Paul Tabori, publicó una obra que dio mucho que hablar: “Historia de la estupidez humana”, de la cual yo tomé algunas notas para mi obra “Compendio de sabiduría y buen humor”.

Y es que el ser humano a veces se embrutece. Por eso es muy importante no descuidar esos momentos, porque a veces resultan fatales. No olviden a Napoleón, cuando dijo que los más grandes errores de su vida los había cometido en esos momentos, que todos tenemos.

Hace algunos años le preguntaron al gran escritor peruano Mario Vargas Llosa, a qué temía más en la vida. El contestó, que lo que más temía era perder sus facultades mentales. ¡Se ve que el gran Premio Nobel no quiere nunca ser bruto!

George Bernard Shaw decía, sabiamente, que todos tenemos cinco minutos al día en que embrutecemos; y que no debemos pasar más allá de esos cinco minutos… Y alguien comentaba esto, diciendo que es al revés: Todos tenemos cinco minutos de inteligencia al día, y que debemos aprovecharlos…