Cuide su alma de los envidiosos
Veamos lo que es la envidia. Consiste en tener una gran tristeza ante el bien del próximo. Así como la caridad se alegra del bien de los demás, la envidia en cambio se siente incómoda, indispuesta, rabiosa cuando alguien está bien o consigue algo apetecible para el envidioso. Es un pecado capital contra la caridad que termina en odio y rompe muchas relaciones interpersonales y suele darse entre personas de una misma condición social, intelectual, laboral, etc. La envidia tiene cuatro hijas que son la murmuración, la calumnia, el gozo ante lo malo que le suceda a la víctima y la aflicción cuando se da lo próspero en el envidiado.
Nace la envidia de la soberbia, de aquellos que desean un honor desordenado, alabanzas, reconocimientos y desean tener las cosas que otros tienen y cómo no las poseen, enlodan la fama del envidiado a como dé lugar. Los maestros de la ley, los líderes espirituales contemporáneos de Jesús lo acusaron de mentiroso, embaucador, blasfemo, loco y de jefe de los demonios. Entre los muchos motivos por los que se asesina a Jesús, está la envidia de los líderes religiosos ante la capacidad de convocatoria, el respeto que generaba, el poder de su palabra y de sus milagros.
La envidia hace estragos en la convivencia humana y por eso dice Gálatas 5,26: “No seamos codiciosos de la gloria vana, provocándonos y envidiándonos unos a otros”. Recordemos que Saúl, “miraba con ojos de envidia a David” y decidió matarlo a causa de las mujeres que cantaban que mientras Saúl el Rey mataba a cientos de enemigos, David vencía a miles y conquistaba más tierras para el reino (Cfr.1 Samuel 18,8-9). La envidia lleva incluso a cometer el crimen más espantoso, cuando Caín mata a su hermano Abel. La envidia viene de Satanás: “Mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen”(Sab. 2,24).
Dice San Basilio que: “así como las moscas, que no haciendo caso de las partes sanas van a buscar las úlceras; así también los envidiosos no miran ni se fijan en el esplendor de la vida, ni la grandeza de las obras buenas, sino en lo podrido y corrompido; y si notan alguna falta de alguno(como sucede en la mayor parte de las cosas humanas) la divulgan, y quieren que los hombres sean conocidos por sus faltas”. Cuidado nosotros con caer en la envidia, porque el gran daño que buscamos nos lo hacemos a nosotros mismos, ya que vivimos concentrados en nuestras víctimas gozándonos morbosamente cuando fracasan y sufriendo tontamente cuando triunfan. Que el Señor nos dé fuerzas para superar ese mal del alma y si alguno es víctima de un envidioso, que sepa resistir con misericordia y comprensión al que padece de esa enfermedad y que le pida al Señor libere al envidioso porque con Dios podemos sanarnos, ya que con El somos invencibles.