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Cuidemos a nuestra juventud


La juventud es el futuro de la patria, de esta patria que tanto queremos los panameños y que estamos en la obligación de salvar a toda costa. Siempre he admirado a los jóvenes, aunque exista una brecha generacional entre ellos y yo por la edad, los adelantos modernos y la tecnología.

Sin embargo, y a pesar de que no cambio mis principios en los que me formé y que me enseñaron mis antepasados, trato, en la medida de mis posibilidades de aprender de ellos y lo que ellos viven.

Por esto, uso computadora desde que empezaron a llegar, fax cuando me solucionaba problemas de enviar mis artículos y celular desde hace muchos años. Pero, a pesar de todo, siento nostalgia por mi pueblo donde me crié y sus costumbres, las cosas aprendidas, los valores, la moral que me enseñaron y que me han servido de mucho. Me pregunto qué ha sucedido con cierta parte de la juventud que se ha formado en ambientes poco deseables, tal vez hogares donde no le pudieron dar las bases de esos principios y que la ha llevado a las drogas, a la violencia, a vivir del consumismo y el materialismo y a pensar que el dinero lo es todo por encima de lo sentimental. ¿Les damos demasiado a los jóvenes sin hacerlos pasar por etapas y luego no tienen más a qué aspirar?

¿Por qué son los jóvenes los que más mueren en accidentes, los que desaparecen en la violencia, de manera que son más los que se van que los que nos quedan?

El problema principal está en el hogar desde su infancia, cuando son niños exclusivamente criados por niñeras, sin el amor y la atención de los padres por razones variadas, niños solitarios, con traumas psicológicos y que en su juventud quieren demostrar lo que no son porque perdieron la mejor época de la vida: la infancia. En las escuelas, no son todos los educadores que se ocupan de los problemas de sus alumnos; la violencia intrafamiliar que acaba con la autoestima de los niños y no progresan en la escuela.

En fin, son innumerables los problemas por los que hoy pasa la juventud y que no pasábamos nosotros. Si no ponemos atención a esos jóvenes, no tendremos relevo generacional. Los adultos tenemos que ser ejemplo para ellos con nuestras actuaciones, con nuestro comportamiento para enseñarles el manejo de la vida desde el mejor ángulo posible. Estamos a tiempo de salvar a la juventud enseñando a la niñez a ser buenos hijos, buenos padres, ciudadanos y formadores de sus hijos porque, de lo contrario, perderemos lo mejor que aún nos queda y que no es recuperable. ¡Abramos los ojos!

Médico.