¿Culposos o disculposos?
Si hay algo por lo cual la clase política de este país se ha distinguido, es que jamás han admitido ninguna responsabilidad por sus actos. Aquí pasa de todo lo malo que sea concebible y nadie tiene la culpa de nada. Pero cuando las cosas resultan bien a pesar de ellos, se atribuyen el mérito a toda costa.
No se puede hablar ni protestar libremente, sin ser víctima de persecuciones. Ni siquiera Noriega se atrevió a tanto. Hemos visto como algunos periodistas y dueños de medios de comunicación social han denunciado ser víctimas de intimidaciones.
Sospechosamente notamos que aquellos medios donde más se alabe y se defienda la gestión gubernamental, tienen mas cuñas del gobierno que otros.
Cuñas que pagamos todos del erario público, solo para que el gobierno manifieste lo bondadoso y caritativo que es con el pueblo con la finalidad de crearse una imagen santoral.
Alguien dijo por allí, que noticia es lo que la gente no quisiera saber. Lo demás es propaganda. Y de eso se trata todo esto. Para nadie es un secreto que las expectativas creadas desde julio del 2009, se fundamentaron en una acción política coordinada, donde el supuesto cambio traería un nuevo estilo de gobierno, con caras nuevas y dispuestas a ejecutar ese cambio.
Nada de ello ocurrió. Las prácticas irregulares (y no vengan con la ingenuidad de preguntar cuáles son… como si uno fuera estúpido) siguieron siendo las mismas y hasta empeoraron. Las caras “nuevas” salieron de los negocios del Jefe y de su entorno familiar, no de la gente que se sumó al proyecto porque quería participar de ese cambio. Ministros, vice ministros y directores nacionales, se olvidaron que son “servidores públicos” y se identificaron más con el estado mayor de Noriega, para ofrecer al Jefe lealtad sin precio ni duda. La prepotencia, intolerancia y soberbia son las características por las que podemos identificar a los que sirven al presidente, ya que se olvidaron que su deber es servir al pueblo no al jefe del estado.
Lo acontecido en la recién bautizada provincia de “Bocas del Tuerto” es prueba contundente de una conducta errática y llena de improvisaciones. Se culpa al PRD, a la Oposición (como si existiera en realidad), a los indios Siux de Dakota del Sur, y no se extrañen que Antanas Mockus por ser verde, también le toque su pedazo.
No he visto que nadie se haya preguntado en qué partido estaban inscritos los muertos y heridos. Se sorprenderían.
Ahora la culpa de todo la tienen los medios de comunicación social. Son los culposos de lo acontecido, mientras que el mandatario, sus diputados, su policía y sus fiscales, resultan ser los disculposos de todo. Ojalá esto sirva para que se rectifique el rumbo, y el gobierno aprenda que no se puede gobernar ni con parientes, ni con amigos, ni con socios.
