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Cultive la comunicación

Por: Redacción 05/10/2013

Rómulo Emiliani (opinion@epasa.com) / Monseñor

Una de las más grandes necesidades que hay en todo ser humano es la necesidad de la comunicación. El hombre no nació para estar solo. El hombre nació para la convivencia, para la unión, para el diálogo. El hombre necesita, por lo tanto, entrar en comunión con Dios, con los demás, consigo mismo y con la naturaleza para sentirse plenamente realizado y ser feliz.

Si usted se siente solitario, si está solo en el aspecto de que no se comunica con nadie y vive en una relación de mucha lejanía con los demás, si usted no mantiene una relación profunda con los demás seres humanos, usted probablemente va a terminar en una situación de desesperación, de angustia, de dolor, de tragedia. Se sabe de neurosis que son provocadas por la soledad. Se sabe que ciertas demencias han sido causadas por vivir una vida tristemente vacía y sola.

La estructura espiritual, mental, emocional, sentimental y aun física del hombre está hecha para la comunicación, para el diálogo y para el encuentro con los demás. Así nos hizo el Señor. Los seres humanos fueron creados por Dios para amar y ser amados. Nacimos para vivir en el amor, entonces, destruir esto significa romper la comunión con los demás y vivir como una auténtica isla. Usted no nació para ser una isla. Hoy le decimos: ¡Despierte!, mejore sus relaciones interpersonales y cultívelas de una manera intensa.

Para poder lograr una comunicación profunda con los demás, tiene usted que amar a los demás. Ver lo positivo que hay en la gente, saber que cada persona es valiosa. Descubra lo bueno que tienen los demás y usted así podrá amarlos. Verá qué fácil es comunicarse con la gente cuando usted la ama. También para que usted se relacione bien con las personas, tiene que sentir y creer que usted tiene mucho que dar, mucho que decir a los demás. Pero para esto, debe cultivarse por dentro. Aliméntese espiritual y mentalmente con la meditación, la lectura, la reflexión. Haga más oración, dialogue más con el Señor, oiga a Dios en los acontecimientos, en las personas; porque en los acontecimientos y en las personas también nos habla Dios. ¡Vamos, promueva el encuentro! Promueva la amistad, la convivencia con la gente, ábrase a los demás sin miedo. Sea sencillo y esté disponible para los demás.

Para entrar en comunión con los demás, es muy importante hablar no solamente con la cabeza, sino hablar también con el corazón. Use su corazón cuando dialogue, sea sincero en sus expresiones. Sea usted una persona que cuando converse, sea positiva y diga cosas que motiven en las personas alegría, entusiasmo, paz y tranquilidad. Que sus palabras sean el medio por el cual usted esté transmitiendo algo bueno a la gente. Dios le dio a usted el lenguaje para que se comunicara positivamente con la gente. Cuidado con utilizar la lengua para destruir, para aniquilar o para decir, simplemente, vanidades. Trate de ser una persona más profunda. Si usted va cumpliendo esto, usted se va a ir dando cuenta de que la gente, poco a poco, lo va a ir aceptando. En la medida en que su personalidad se prolongue en el corazón de otros, siendo una persona que habla con la mente, pero también con el corazón; en la medida en que usted sea una persona buena y que sepa ser comunicativa, se sentirá querido por los demás.

La comunicación es un arte, la comunicación es vida. Mantener relaciones interpersonales es necesario para ser una persona feliz. Esté en un diálogo permanente con Dios, con usted mismo y con los demás. Deje ya de vivir una vida triste y de soledad. Usted no nació para eso.

Y quisiera que no se olvidara que dondequiera que usted vaya, en cualquier momento o circunstancia, está el Señor en su alma. Usted puede entrar en diálogo con Él mientras camina, mientras maneja su automóvil, mientras está esperando el autobús o a alguna persona. Dentro de su alma está el Señor y si usted entra en diálogo con Él cada vez que tiene oportunidad, se va a sentir mucho mejor. Hoy le decimos: Venza la soledad, cultive la comunicación, con Dios usted puede hacerlo, porque ¡con él, somos invencibles!

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