Cumbre de las Américas
Qué mejor tribuna para el presidente Barack Obama que Panamá, para recibir el beneplácito de nuestros hermanos en sus próximos pasos necesarios en aquella nación, para poner fin al insólito y criminal bloqueo contra Cuba, reiteradamente denunciado y rechazado, casi por unanimidad, en Naciones Unidas.
Los brazos cubanos se han extendido generosamente en el continente y allende otras latitudes, hacia las clases desposeídas, para erradicar el analfabetismo, epidemias y cuantas dificultades de salud sufren estos pueblos en los lugares más apartados y recónditos, sin importar sacrificios o limitaciones de ninguna índole.
En busca del bienestar común, otros aspectos sociales y económicos también han recibido la solidaridad de la revolución cubana.
Sin esta presencia real, de verdadero apoyo e identificación, colmada del espíritu martiano y bolivariano, no era posible la realización de esta cumbre. Así lo hicieron saber nuestros hermanos latinoamericanos para acudir a la cita.
Y así cumplió Panamá que, en ese ejercicio soberano, en Washington recibió el apoyo continental para la firma de los tratados Torrijos-Carter.
En los primeros encuentros, con alto espíritu constructivo y de respeto mutuo, las representaciones de Cuba y los Estados Unidos de América del Norte están afrontando la problemática de las relaciones diplomáticas que conllevan borrar a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo internacional y restablecer los servicios financieros de la sección de intereses de Cuba y de su oficina consular en Washington.
La permanencia de la base naval norteamericana en Guantánamo es una evidente injerencia en el territorio cubano, que proviene de la intervención militar norteamericana con motivo de la independencia cubana alcanzada por ejército mambí sobre las fuerzas españolas. Más de un siglo de colonialismo.
América Latina y el Caribe no pueden soportar estas muestras de dominio en sus tierras, y sobre sus soberanías, los reclamos de Cuba están firmemente exigidos en el cónclave. La colonización ya no tiene asidero en nuestras cancillerías, ni en las convenciones internacionales.
El presidente Obama dio un paso valiente con Cuba, al igual que lo hiciera James Carter con Panamá.
La 7.ª Cumbre de las Américas también responderá a las expectativas que se ciernen en el continente.
Tampoco el congreso norteamericano puede ignorar esta realidad, los intelectuales, los religiosos, los empresarios y el propio pueblo norteamericano, en su gran mayoría, no comulgan con la política aislacionista, los tiempos del expansionismo terminaron, se impone la convivencia civilizada y los intereses mutuos.