De celebraciones y otros sucesos
"Bajar los decibeles", dijo uno de los jóvenes panameños futbolistas que nos representa en la Copa Oro. Y al fin oigo lo que hace tiempo quería oír como actitud colectiva. La representación de Panamá en este deporte en competencias internacionales ha sido bastante distinta de otras épocas en que "jugábamos como nunca y perdíamos como siempre".
Hoy día, las cosas son diferentes como acaba de ocurrir que, por primera vez en este tipo de competencias, Panamá derrota a México 2 a 1 y no creo los decibeles de entusiasmo hayan sobrepasado otras manifestaciones.
Yo creo que no acabamos de comprobar el alcance de esa victoria en buena lid sobre los aztecas. Por una razón u otra, he estado viendo los programas televisivos mexicanos que sobre el fútbol en su país debaten con una asiduidad, que al referirse a Panamá futbolísticamente no lo hacen con aprecio, sino más bien ya tienen un estereotipo y se han referido como a un lote de negros, taxistas, buseros y otras cosas más o menos futbolistas. Pero a pesar de lo que dicen peyorativamente, ocurrió que nada menos que en el Rose Bowl, en Pasadena, California, nuestra humilde selección, en el campo de juego, demostró que tienen alguna calidad y que lo que digan queda cancelado con la demostración histórica.
Nosotros acá, como dice el futbolista, debemos bajar los decibeles, es decir, no creamos que ya terminó todo, más aún, ahora estamos más obligados a superarnos y demostrar dentro de nuestras posibilidades que en la práctica de ese deporte de nada sirve el haber tenido una hegemonía continua, ya que todo pasa y con el tiempo las cosas tienen que cambiar. En el tono de los programas televisivos mexicanos donde parlan autoridades supuestas del fútbol, se les nota que no saben cómo sacarse esta espina y cómo suspiran furia cuando dicen perder ¿con quién?, con Panamá. Y se desatan en una persecución contra el entrenador que no se ha dejado amilanar contra esa avalancha de críticas.
Ojalá nuestros muchachos tengan mejor suerte en lo que tienen por delante, porque me imagino que los que nos esperan vendrán con sangre en los ojos para acallar a este pequeño gigante y que hay que defender la supremacía mexicana.
Y pasando a otro tema más nuestro, yo creo que los medios de comunicación han sido bastante austeros en la difusión mediática del evento de la ordenación al episcopado al joven sacerdote panameño oriundo de Chiriquí Rafael Valdivieso Miranda, quien fungía como rector del Seminario Mayor San José y fue sorpresivamente nombrado como obispo de la diócesis de Herrera y Los Santos, para alegría de esa cristiandad.
En el campo de juegos, el estadio Rico Cedeño, donde constantemente se celebran los clásicos de Azuero, lleno a capacidad, con un día soleado y convenientemente adornado, se congregó una muchedumbre, cuyas cifras no menciono para no estar compitiendo con nadie, y presidida por el nuncio de su santidad, monseñor Andrés Carrascosa Coso, acuerpado por el grupo de los prelados hacen la Conferencia Episcopal Panameña imprimiéndole la solemnidad religiosa que el caso ameritaba y con afluencia de distintas comunidades que visitaron ese estadio, procedentes de los sitios donde el nuevo pastor había prestado servicios, ya que el nuevo monseñor obispo prestó servicios en Santa Ana, en el Hospital Santo Tomás, en las comunidades de Bejuco y Chame, cuando eran una sola parroquia, y de donde partió a hacer sus estudios superiores en Roma, viviendo en el Pío Latino.
En resumen, una celebración que fue una afirmación colectiva y pública de la fe, al menos en su aspecto manifestativo de nuestro pueblo panameño. Todo salió conforme a la piedad y devoción de nuestro pueblo, el coro interpretó una nueva misa compuesta por el agustino panameño Jafet Delgado, todo el evento vino a ser como una cita eucarística interprovincial, en la que nos volvimos a encontrar como una sola Iglesia.
Aunque en otro contexto fue notable este año en la parroquia de San Lucas de los reverendos padres agustinos recoletos la celebración del Día del Papa, donde se volvió a afirmar la fe públicamente en Jesucristo, que debe ser el alma de esas comunidades creyentes que anhelan crecer y ser verdaderos testigos en nuestro necesitado medio panameño.