De cifras y otras hierbas
Antes de que la becaria Mónica Lewinsky literalmente se tragara cualquier evidencia del caso sexual que tuvo por las cuerdas al demócrata Bill Clinton, éste lanzó en 1992 una frase de culto a su contrincante político George H. W. Bush que lo dejó herido, al menos por un instante: “Es la economía, estúpido”.
El todavía marido de la Secretaria de Estado de Obama, cuando disparaba, y no solo con su pistola sexual, lo hacía en serio. Eso de que la falta de puestos de trabajo es el factor que más daña la percepción sobre los candidatos y los gobernantes, aplica. Y para toda nación.
Hoy Panamá sorprende. Los vecinos nos miran de reojo. Aunque resulta más fácil hacer oídos sordos, las cifras, por más manipulables que sean, generan estabilidad. También confianza. Y afianza a un manoseado Grado de Inversión. El mismo que compañías internacionales otorgaran a países europeos, hoy en quiebra.
Es más, De Lima, en su calidad de titular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), afirma que la disminución del desempleo de 6.5% a 4.5% es la más baja de América Latina. Cómo te quedó el ojo, vecino.
Ahora, programas sociales como 100 a los 70 y las Becas Universales, pudieran ser espaldarazos para que aquella población mayor de 70 y menor de 15 años, formen parte de la población no económicamente activa. Incluso podría explicar las mejoras en la condición del empleo. Pero, ¿qué clase de empleo?
Es cierto que la modernización del transporte público, la ampliación del Canal de Panamá y el auge del turismo, son sectores donde los jóvenes vislumbran potencial. El Gobierno lo sabe. Lo publicita.
Mientras lee esto, 4 de cada 10 panameños subsisten en estado de pobreza total. Las desigualdades están. Entre Punta Pacífica y Boca la Caja, lo viven a diario. Bill tenía razón: “Es la economía, estúpido”.
