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‘De cutarras y machetes’, una forma de hacer patria


Álex Nieto Montilla / El autor es profesor de Español (opinion@epasa.com) / -

Ante la propensión al olvido, aquella de la que habla Consuelo Tomás, no hay nada mejor que un libro como De cutarras y machetes , del ingeniero Luis Barahona González, secretario general de la Universidad Tecnológica de Panamá.

El libro destaca por su minuciosa descripción y el buen humor, y es interesante cómo la ficción toma un segundo plano, para dar paso a la realidad consciente tanto del espacio como del tiempo.

LAS TALLAS Y EL BUEN HUMOR HACÍAN REÍR UN RATO AL AUDITORIO, CUANDO LA FALTA DE LUZ ELÉCTRICA Y LA TELEVISIÓN MOVÍAN A LOS POBLANOS A COMPARTIR TARDES Y NOCHES CUENTOS AMENOS Y DIVERTIDOS...

El también autor de Entre zurrones y enjalmas nos trae dieciséis piezas sencillas que guardan la memoria de El Carate de Las Tablas, su pueblo natal, y sus alrededores e, indudablemente, nos acercan a los años de entre 1930 y 1960.

Su prologuista, Alex Espino Girón, considera que el libro es una forma de “hacer patria”, y lo es, si no fíjese en la corrida de toros, la junta de embarra, los lavaderos de la quebrada, los cuentos en el portal de las casas, la molienda o la tienda, por un lado, y los motivos de los personajes, por otro.

El libro es autónomo en relatos y calidad literaria, es decir, no depende del anterior, aunque algunos de los personajes vuelvan a la escena. Quien haya tenido la oportunidad de leer Entre zurrones y enjalmas podrá traer a la implacable Cirila, Duvige y El Colora’o, que esta vez hace de ambulancia. Con todo, es de notar la identificación de la rúbrica de un panameño comprometido con su interior, que, en ambos casos, nos hace viajar, nos hace ir en la búsqueda de lo que somos.

Luis Barahona González es un narrador de cuentos tradicionales. En el plano estilístico no aparecen mayores detalles y la prosa corre libre, sin mayores adornos. Pero la ironía y las exageraciones no se hacen esperar. Es más: cada nombre de personaje parece ir hacia la eternidad, hacia el recuerdo perenne.

Echemos mano de Una prima noche en la tienda , uno de los cuentos de esta colección. El lugar era ideal para las ocurrencias y hablar de todo un poco: cultivos, ganado, acontecimientos. Se trata de la tienda de Goyo Ducasa, quien ávido y sin mayor demora, manifiesta:

–Yo lej voy a decí una cosa, gente bellaca pa’ una salía son loj Gonzálej. Cuando Tita compró el primer carro, que según él era de la marca “jeep” y la gente le preguntaba: “Oiga Tita, ¿pug qué compró eg carro verde?”, él contejtaba: “Bueno, ej que no había maúro”.

Esto animaba a los presentes, y las comparaciones, los sarcasmos, las tallas y el buen humor hacían reír un rato al auditorio, cuando la falta de luz eléctrica y la televisión movían a los poblanos a compartir tardes y noches cuentos amenos y divertidos: oralidad que se ha convertido, gracias a los esfuerzos del ingeniero Barahona, en escritura, en literatura.

Los personajes se expresan con el acento propio del campesino de la época y de la región, otro de los aspectos resaltantes de la obra. Por lo que el autor nos ofrece, ya al final, un glosario que facilita la comprensión del texto.

Desde su publicación, De cutarras y machetes es un archivo histórico, es el recuento perdurable de su gente, de su pueblo, de lo que fueron y de eso en lo que se han convertido con el tiempo.

Emprendamos el viaje a nuestro interior. Descubramos cuánto nos puede ofrecer a través de estas páginas. Lo invito: aquí, la esencia interiorana se expresa en la voz de cada personaje, aquí se reconoce a los abuelos, aquí se dibuja la parcela y el ganado, aquí se juega a ser grande sin menospreciar a los demás, aquí se nos enseña que el trabajo y mayor esfuerzo que demos a lo que hagamos es sinónimo de mejores días.

Es una lectura entretenida de la que no se olvidará. Quienes hemos podido conversar sobre los libros de Barahona González solo esperamos continúe en su labor de recuperación de las anécdotas, chistes, pasatiempos, cuentos, leyendas, historias y relatos de su pueblo, que en buena hora ha merecido escalar los peldaños, a veces empinados, de las letras panameñas.

Como digo para las obras de valía, ojalá no falte en bibliotecas, en las escuelas, en los hogares de muchos panameños.

Edición Impresa

Viernes 14 de agosto de 2026