De estatuas develadas

Por: Redacción 02/10/2017


He visto y escuchado mucho sobre aquel ritual en que una estatua se devela; pero pocas supe o vi estatuas que se cubren con un velo, o un plástico negro más bien, sin duda con la buena intención de protegerlas. Y eso es exactamente lo que está pasando hoy en nuestra capital. Allí, en la Vía Argentina, se ve cubierto el busto del gran José de San Martín. Confieso que pocas veces, hasta ahora, me detuve yo a pensar en el Libertador y en su gran legado en nuestra América al pasar frente a su estatua. Ahora, cubierto así por un moderno plástico que lo desluce, me viene la memoria de aquel hombre que algún día dijera: “mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas”. Cuanto haría falta hoy en nuestra patria un hombre así, especialmente en estos tiempos en los que el odio se cultiva en semilleros y bajo la fría sombra de la división. Pero, como nuestro suelo no es el adecuado a la semilla del rencor, seguramente durará más esa estatua, hoy velada, del Libertador de América que esas pasiones transitorias que se irán también, afortunadamente, con la lápida de todo aquel que las propicia en este pequeño istmo nuestro en el que todo es transitorio, menos nuestra patria.

Si el universo nuestro, o por lo menos aquel en que vivimos, tiene trece mil millones de años a esta fecha, si los ciento veinte mil soldados que dejó la Guerra de los Mil Días fueron sepultados ya por nuestros suelos, si los golpes y conspiraciones y condenas de inhabilitación perpetua para el ejercicio público pasaron felizmente ya en esta República, nos queda la esperanza aun de que aquellos que se estiman más eternos que la eternidad, vean también pasar, como sus años pasajeros y su pequeñez, los odios y los tiempos que hoy vivimos, en los que se propician divisiones y se olvida la hermandad de una nación.

Abogado

Edición Impresa

Martes 14 de julio de 2026