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De la estética y la política


Golda Meir, Simone Veil y Hillary Clinton, tres mujeres que tienen en común el haberse preocupado por asuntos mucho más importantes que vejar a los demás por su apariencia física como lo hace el señor Virgilio Correa en el Panamá América en un artículo de opinión el 6 de marzo de 2011.

Dicho artículo carece de fondo intelectual, más bien lo calificaría de disparatado. Y es que el autor considera importante destacar en su escrito, supuestamente sobre política, que lo que tienen en común estas tres mujeres es la gordura, y que por “sus venas corre sangre judía”. El artículo no nos enseña nada, pero nos dice mucho sobre los varios prejuicios del autor. Se refiere a tres mujeres inteligentes y triunfadoras pero que cuando estaban en la cumbre de su gloria se engordaron volviéndose según él, ineficientes, cito: “Terminará la señora Clinton, como las señoras Meir y Veil? ¿Reducida a su mínima expresión y gorda? ¿O regresará a la silueta de la americana neoyorquina? Y un poco antes señalaba: “Hemos visto en los últimos meses, cómo la señora Clinton se ha engordado y envejecido, como si el cetro de jefa de la diplomacia americana, se le estuviera cayendo…”

Me gustaría preguntarle al señor Correa ¿qué relación guarda la eficacia de la mujer política o de la mujer en general con su apariencia física? ¿O con el hecho de no lucir joven y esbelta? ¿Acaso los hombres políticos y los no políticos cuando se vuelven viejos y gordos se tornan además ineficientes?

A pesar que el autor se refiere a tres representantes de la política, entre ellas Golda Meir, la vida de ella, en este aspecto, así como sus logros, no resultan de importancia para él. Los que conocen de historia saben que con solo pronunciar su nombre se evoca a una de las figuras políticas más prominentes de Israel. Desde 1948 se desempeñó de manera ininterrumpida en varios cargos Públicos (Embajadora, Ministra de Trabajo y Ministra de Relaciones Exteriores) y en 1974 se retira de la política luego de alcanzar el puesto de Primera Ministra (1969-1974) siendo una de las primeras mujeres en llegar a un cargo tan alto en todo el mundo. Falleció en 1978, a la edad de 80 años. No obstante la trayectoria de Golda Meir, al autor solo parece interesarle de ella los problemas digestivos y de vejiga que pudiera tener y a los que hacían referencia - según él- los cronistas amarillos de su época. El autor al hacer referencia a esta nadería, no solo insulta la inteligencia de los lectores, sino que por sus evidentes prejuicios intenta restarle importancia a la carrera de Golda Meir.

Lo mismo pretende al referirse a Simone Veil, quien se destacó como Ministra de Salud, Seguridad Social y de Familia y como Ministra de Sanidad y de Asuntos Sociales; además presidió el Parlamento Europeo y ha sido galardonada con varios premios internacionales como lo son: el Premio Carlomagno, el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional y el premio Carlos V otorgado por la Fundación Academia Europea de Yuste en honor a sus reconocidos méritos en la lucha por el avance de la igualdad de las mujeres (2008). Veil tiene 83 años, es superviviente de Auschwitz y recientemente, en diciembre de 2010, fue honrada con el Premio literario alemán Heinrich Heine. ¿Es esta la forma de quedar reducida a la mínima expresión a la que se refiere el autor? ¿O parece ser él quien quiere reducir a su mínima expresión a estas damas de la política?

Desconozco si Hillary Clinton quedará reducida “a su mínima expresión” o qué “tipo de sangre” corre por sus venas. Lo que no cabe duda es que se trata de tres mujeres que poseen en común mucho más que el hecho de tener, según apreciación del autor, unas cuantas libras de más. Estas mujeres lo que tienen en común y parece no querer ni aceptar el autor es su tenacidad e inteligencia, porque dijeron e hicieron y porque entre ser y no ser, prefirieron ser.