De la tolerancia al irrespeto
Los hechos registrados el pasado fin de semana en las tierras altas chiricanas, donde un grupo de indígenas se dedicó al vandalismo nos debe llevar a la reflexión, si son víctimas o victimarios.
Esclavizados, humillados, despojados de sus tierras, son parte del sufrimiento de ese pueblo desde que los españoles llegaron a América.
Sin embargo, eso no les concede el derecho a destruir, irrespetar y cometer delitos frente a la ciudadanía que mira sorprendida los hechos.
En Guna Yala, los nativos se niegan a cooperar con las autoridades antidrogas. Sin ley ni orden la situación se torna grave e intolerable. No existe ningún grupo étnico por encima de la Constitución Nacional y las leyes panameñas.
Son comarcas indígenas, pero se está confundiendo con la desaparecida Zona del Canal, donde había tribunales, leyes, supermercados y un país dentro de otro.
En esta nación todos debemos ser iguales frente a la ley y no hay espacios para los privilegios.
Las “vacas sagradas” están en la India, no en Panamá, y lo que hicieron estos grupos es abusar de su derecho ciudadano y traspasar la frontera de la irreverencia con las autoridades municipales, policiales y nacionales.
Destruir la propiedad privada y pública es un delito. También lo es apoderarse de equipo que perteneció a narcotraficantes.
El Código Penal lo establece como aprovechamiento de bienes provenientes del delito. Eso es castigable.
Es necesario crear un precedente aplicando una fuerte sanción penal a estas personas para dar el ejemplo.
No es posible que una minoría de este grupo dañe a una mayoría.
Panamá es un territorio donde todos deben respetar las normas, ya sean negros, blancos, mulatos, indígenas y otros.
La anarquía no es buena consejera para un pueblo.
