De lo que debemos ser
Hoy cambiaré el ritmo de los anteriores artículos y entraré en filosofía; me siento necesitada de comunicarlo a mis lectores porque no puedo pasar sin conversarlo. ¿Saben por qué? Porque pienso que debemos hablar en esta forma y ustedes comprenderán perfectamente por qué lo hago. En la vida existen situaciones que tenemos que afrontar y llevar sueltamente para dar a nuestra existencia, el camino a seguir en un momento dado.
Es importante saber qué somos y cómo somos; pero más importante es saber lo que uno debe ser y hacer porque esto nos proyecta a las personas que nos rodean y conviven con nosotros. Esta proyección es necesaria para el convencimiento de que vivimos en sociedad y pertenecemos a una agrupación que nos merece todo respeto, pero que, a su vez, cada uno de nosotros merece su reconocimiento. Esto es importante porque no podemos vivir individualmente sino en conjunto y, aunque les parezca mentira, cada uno está enviado por Dios para dirigir y enviar los mensajes que Él desea a través de nosotros.
Tenemos que dejar de ser egoístas, de criticar todo lo que hacen los demás porque solo es perfecto lo que cada uno hace o piensa: si abren una puerta aquí, criticamos por qué la abrieron y si la cierran, por qué la cerraron. Sencillamente, no estamos satisfechos con nosotros mismos y buscamos molestar a los demás sin pensar el beneficio que podemos recibir con lo hecho. ¿Hasta cuándo actuar en forma negativa cuando lo positivo es lo más lindo de la vida? Somos tan egoístas que nos guardamos lo que sabemos (y que otros nos enseñaron), sin transmitirlo a los demás. Eso que Dios nos dio la oportunidad de aprender, tenemos la obligación de transmitirlo más adelante. Llevamos dentro un poco de liderazgo para dirigir parte de la sociedad; pues debemos utilizarlo en beneficio del resto de las personas y verán cómo les retribuye a cada uno en lo positivo que esperamos de la vida. Dar para recibir porque el egoísmo es el peor de los defectos junto con la envidia que, siendo de sexos diferentes, parece que estuvieran casados para perjudicar a la mayoría.
Recordemos que lo malo que hacemos en la tierra, lo pagamos aquí mismo y luego andamos dando golpes de pecho y pidiendo a Dios benevolencia. Él nos lleva pero puede dejarnos caer si nos hacemos meritorio a ello. Seamos para los demás lo que queremos que sean para nosotros y seremos felices.
marisin@cableonda.net
