De mandalas y tiranos

Por: Redacción 09/10/2017

En un proceso muy meticuloso y sacro, los monjes tibetanos realizan un ritual de arte con arena de colores. El dibujo efectuado deberá representar la creación y el universo. Pueden pasar semanas enteras realizando la pintura, inmersos en meditación durante mucha parte del proceso; al final, lo creado resulta extraordinario y hermoso, como si fueran inspirados por fuerzas que se elevan por encima de ellos mismos. Ese ritual de arena colorida, sin embargo, que ha tomado días en su creación, termina, en pocos minutos, siendo destruido por esas mismas manos que lo elaboraron a fuerza de paciencia y de cuidado. El ritual y la sabiduría del desapego hacia lo material y hacia lo pasajero de esta vida, de la cual queremos muchas veces ser señor y dueño.

Se dice que en el año de 1923, en el Edgewater Beach Hotel de Chicago, en la antesala de la gran depresión de Estados Unidos, se reunieron en una sola sala los 9 hombres más poderosos del capital norteamericano, cuyas fortunas superaban sin duda la de muchas naciones latinoamericanas de ese entonces. Esos hombres fueron Charles Schwap, Bethlehem Steel, Samuel Insull, Chigago Utilities Empire, Howard Hopson, Associated Gas and Electric, Arthur Cutten, industria de trigo Cutten Fields, Richard Whitney, Bolsa de Valores de Nueva York, Albert Fall, Secretario del Interior del Presidente Harding, Jesse Livermore, inversionista de Wall Street, Ivar Kreuger, monopolio Kreuger & Toll Byggnads y, finalmente, Leon Fraser, International Settlements Bank. Un imperio financiero sin precedentes sentado en una mesa, haciendo planes que, bíblicamente hablando, expandieran sus graneros y su perpetuidad por esta vida pasajera.

Veinticinco años después, tres de aquellos nueve se habían ya suicidado, uno había perdido por completo la razón, dos enfrentaban altas penas de prisión, dos morían expatriados en la más oscura pobreza y el afamado barón del acero, Charles Schwab, pedía dinero prestado para poder sostenerse. Como una mandala de arena, las huellas financieras de estos hombres poderosos fueron dejadas en la arena, para ser borradas por la marea imponente del destino, sin ningún ritual ceremonioso.

Por ello, debemos realizar que el hoy no es el mañana de mañana; que la vida es pasajera y que la mano del destino hace a veces malabares con fortunas, convirtiendo al indigente en rey y en rey al indigente; y, a veces, en vez de convertir al gusano en mariposa, convierte, de manera inversa, a tiranos en gusanos.

Abogado

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Lunes 13 de julio de 2026