De pinchazos y otros cuentos
María del Pilar Hurtado. Nadie en Panamá conocía su nombre y menos a qué se dedicaba en su natal Colombia.
En el 2007 asumió las riendas del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) de Colombia. Un cargo que le cambiaría su vida un año después, tras destaparse uno de los escándalos más sonados de los últimos años.
Durante su gestión se realizaron pinchazos telefónicos a jueces, políticos, periodistas y otras personalidades. Ninguno de esos pinchazos eran legales.
María del Pilar Hurtado ahora vive en Panamá, camina por los centros comerciales y se le ha visto en restaurantes, por lo menos así lo confían fuentes de entero crédito. En la mayoría de las ocasiones, escoltada por agentes del SPI.
El asilo territorial que le concedió el gobierno panameño ha sido polémico desde el inicio. Los cañones de muchas de las víctimas de estos pinchazos apuntaron hacia Panamá y desde entonces no han parado de criticar la decisión del presidente Ricardo Martinelli de asilar a una persona vinculada a un caso tan delicado.
Algunos de los otros imputados también han enviado sus documentos a la Cancillería para pedir asilo, sin embargo han sido rechazados en algunas ocasiones y en otras se evalúan.
Luego de formularle cargos a Hurtado, se ha girado una orden internacional para su captura. Sin embargo el propio presidente Martinelli argumentó que se mantiene el asilo y no puede ser capturada.
Las autoridades colombianas cuentan con testimonios de ex subalternos de Hurtado que confirman que dirigió los seguimientos e interceptaciones ilegales. En Panamá esta práctica, sin autorización judicial, es considerada un delito grave. Incluso este argumento ha sido utilizado para sacar a una procuradora de la Nación.
Sería sensato que Panamá tome distancia y que Hurtado responda en su país por las acusaciones en su contra.
