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De puentes sociales y la construcción del equilibrio


Hace algunos meses escribía que los estados y el ejercicio del poder, en democracia, ineludiblemente demandaban de redes de intermediación e interlocución societaria para conocer con grados de aproximación importante, por donde camina el sentimiento y la conciencia de esa categoría trascendental que -en la ciencia política- denominamos como pueblo; que en nuestra sociedades asume formas colectivas de organización que son tenidas como interlocutorias de los sentimientos y problemas de aquel, y que en todo estado que se aprecie de democrático, resultan importantes para procurar políticas públicas dialogadas y mayormente consensuadas.

Lo anterior viene como anillo al dedo, cuando observo en el país, la tendencia que ha venido dando cuenta de un alejamiento de los que administran el poder político del resto de esas colectividades u organizaciones que sienten que no se les toma en cuenta y en el peor de los casos, se les subestima y hasta menosprecia. Lo grave de todo esto es que suele justificarse con argumentos fácil de refutar. Los estrategas políticos no han sabido distinguir que una cosa fue el procedimiento y la forma que -en campaña electoral- le aseguró la victoria y otra, el procedimiento y la forma para gobernar. En la primera, mayor peso tienen los individuos y en el segundo, se impone la interlocución y los recursos de mediación social. En Latinoamérica la dirección en una de esta vía o la otra, muchas veces ha marcado la diferencia, los grados y la intensidad de los conflictos sociales.

Somos del criterio que la crisis de Changuinola no hay que observarla como simplemente un estallido social focalizado o localizado, sin rango de magnitud nacional; sería un error mirarlo desde esta perspectivas. El mismo envió clara señales en cuanto a la forma y el método de conducir la nave del estado y su relación con la sociedad. Este es el asunto de fondo que habrá de concitar la atención de los gobernantes. La crisis no tuvo nada que ver con si se falló en la información o que los voceros o los relacionistas públicos, se quedaron cortos. Se subestimó el diálogo y la consulta de una ley que por los aspectos que contiene, resultaba de alta sensibilidad y voltaje para los actores sociales involucrados, dada su afectación.

El señor presidente, Lic. Martinelli, creo que es consciente, que los efectos de la situación vivida en Bocas del Toro, tendrá su repercusiones a lo interno de la gobernabilidad. Como producto del balance y la autocrítica se habrán que producir algunos reacomodos y enfoques en torno a forma y procedimiento, y ello es normal que se haga, ya que de la crisis también se aprende a corregir y subsanar errores.

Lo sucedido en Bocas del Toro hay que evitar que vuelva ocurrir; en democracia, si es posible construir la paz y vivir en tolerancia. Panamá cuenta con todas las condiciones para que prime el sosiego y el equilibrio social. En ese sentido a construir puente sociales y los procedimientos para que funciones la interlocución social.