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De sabiduría popular y de elecciones

Por: Redacción 17/01/2014

Silvio Guerra Morales /Abogado (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Cuando del buen sentido popular o de citar opiniones vernaculares se trata, sobran siempre los ejemplos que nos ayudan a ilustrar lo que ni la ciencia ni la filosofía, ninguna teoría, a veces, sabe ni puede explicar. Por ello, habremos quienes no dejamos de escuchar las opiniones de la gente de a pie, los de la calle, los del barrio, los del campo, todos ellos en su conjunto, que para algunos constituyen parte de las muchedumbres silenciosas, y resultará que, cuando los oímos, nos sorprenden con palabras, expresiones o pensamientos que nos dejan en babia.

Son gente de poco hablar, pero de mucho escuchar; de poco preguntar, pero de mucho analizar; de poco estudiar, pero de mucho meditar; personas de poca lectura, pero de mucha asimilación de lo que realmente importa saber en la vida y que, devienen en fieles y respetuosos de las reglas y principios de vida que los rigen. A propósito de ellos, relato la siguiente anécdota:

En las tertulias propias de la sobremesa, un gran amigo me comentaba que encontrándose en cierto campo del interior del país, en uno de esos momentos en que nos aproximamos al viejo árbol de la estancia y disfrutamos su augusta sombra, entre tanto un viento fresco de verano nos devuelve la paz que nos quita, por momentos, el fustigante verano, pasando por el frente iba un campesino cuya edad circa los sesenta años. Al saludarlo, aquel hombre se detiene y con una sonrisa de felicidad se acerca y le dice: “¡Qué bueno, usted es de los que saludan!”. “¿Cómo andan las cosas?”, le dice mi amigo, a lo que el campesino responde: “Bueno, usted sabrá mejor que yo cómo han de andar” -como quien dice “di tú primero”- ; y la familia, cómo está, añade mi amigo, a lo que el campesino responde: “Bueno, esa sí anda bien”, con lo cual anunciaba que las cosas, fuera de su familia, andaban mal o al menos no andaban bien.

El diálogo, caracterizado por la amenidad y la sinceridad, fue tomando el tono de la confianza y aquél sencillo hombre también fue abriéndose ante mi citadino amigo, quien, por curiosidad, siguió preguntando cosas con el convencido argumento, sin duda alguna verdadero, de que de los que a veces solemos llamar ignorantes o incultos, de ellos aprendemos cosas que nunca atravesaron nuestra inteligencia ni quedaron en nuestra memoria. “Oiga y ¿cómo ve la política?” y el campesino, frunciendo el ceño, respondió:

ANDAN SIEMPRE A PRISA, COMO QUE HUYEN DE UNO, ... YO VEO QUE SIEMPRE ES LA MISMA COSA... EL PUEBLO SIEMPRE SALE A VOTAR PORQUE EN ALGUIEN O EN ALGO HAY QUE CREER PERO MÁS PASA UNO DECEPCIONADO QUE ABRIGANDO ESPERANZAS Y PROMESAS DE MUCHA GENTE MENTIROSA Y QUE ABUNDAN LOS CUENTEROS”.

“Bueno mire, lo que yo siempre veo en estos tiempos de política es que los candidatos vienen acá donde uno y nos abrazan, hasta en el suelo se sientan a conversar con uno, se toman la chica que les brindamos y en la misma vasija en que uno toma, nos prometen muchas cosas, nos dan sus números de teléfonos y cuando ganan, la esperanza es que hagan cosas por la gente, entonces uno los llama a esos números y una secretaria dice que el número no está programado o que está fuera de servicio y cuando, muy rara vez, se aparecen por la comunidad uno sale a recibirlos porque uno nunca deja de ser bien educado, y uno saluda, brindamos la mano, nos la dan como con miedo y mucho reparo. Ellos creen que uno no se da cuenta cuando le piden el alcohol a los manzanillos que cargan y corren a embadurnarse las manos para limpiarse y todo eso uno lo ve y uno es gente también, uno se siente. Oiga y le cuento que no quieren demorarse, andan siempre a prisa, muy apurados como que huyen de uno, yo no sé pero yo veo que siempre es la misma cosa y bueno el pueblo siempre sale a votar porque en alguien o en algo hay que creer, pero más pasa uno decepcionado que abrigando esperanzas y promesas de mucha gente mentirosa y que abundan los cuenteros”.

Cuenta mi amigo que, entre tanto lo escuchaba, él solamente movía la cabeza en señal de afirmación, similar a los merachos que también abundan, en todas partes. No pudo contenerse en la curiosidad y admiración, sin conformarse con el ameno diálogo hasta allí desarrollado, terminó rematando la conversación con una nueva interrogante: “Y usted por quién va a votar?”. Agarrándose el viejo sombrero pintado, con las dos manos, de lado y lado, aquél buen hombre suspiró profundamente, dejando escuchar un gemido que sonaba a sorpresa y dijo: “Mire, le voy a decir algo, eso es cosa entre Dios y uno, muy secreta, muy privada y se sabrá el día de la elección quién ganará, recuerde que el voto es secreto”.

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Lunes 10 de agosto de 2026