De sequías democráticas y revelación de las masas
La lucha contra las tiranías y las dictaduras no es cuestión de ideologías, es una cuestión de vida o muerte; sencillamente nos resignamos a ser esclavos o vivir en libertad en una sociedad que se preste de honrar la dignidad e integridad de nosotros los mortales, seres humanos que naturalmente nacimos para ser libres y no encadenados.
En el siglo XX, el debate político y teórico que tenía como actores prestigiosos pensadores y activistas revolucionarios, tenía que ver con el lugar donde la chispa de la revolución se encendería y daría al traste con el estatus quo.
Alegaban algunos que la revolución popular y obrera se daría en Occidente, por ser la punta del desarrollo capitalista y escenarios de grandes confrontaciones sociales.
Sin embargo, la revolución se dio en Rusia, uno de los países desde el punto de vista capitalista más a atrasado de época. La revolución , acabó con el Zar y un sistema de relaciones que todo lo reducía a las ergástulas y represión.
Hoy el mundo observa como en el Oriente, gobernantes se eternizaron en el poder, concibiendo la tiranía como algo natural y hasta divino. Por sus cabezas nunca les pasó que las riquezas de un país deben ser manejadas con un sentido de equidad y siempre distribuidas, de tal suerte que los gobernados no sean abandonados en la ciénaga del hambre, la miseria y el irrespeto a la dignidad e integridad de sus gentes. Compartimos, con el análisis, que apunta a señalar que lo que hoy se vive en Egipto, no tiene nada que ver con lucha religiosa, sencillamente un pueblo entero y unido, se cansó de la sequía de democracia que le asfixiaba y decidió dar el salto hacia su liberación.
Se trata de un proceso que venía de menos a más, es decir precedido desde la década del siglo XX, por grandes jornadas de luchas que tenían como actores principales a los sindicatos y sus huelgas.
Egipto, considerado un aliado importante de Occidente, hoy con su revolución de las masas, pone en zozobra el esquema de dominación y control de esta última. ¿Qué pasará?, la situación quedará como las tantas revoluciones inconclusas que se han dado en la historia. Eso está por verse.
En la región, Egipto fue uno de los países que sin reserva alguna compró el modelo neoliberal de la economía, sus grandes empresas públicas fueron vendidas al capital y sometidas a su régimen de propiedad privada exacerbado, sin sensibilidad social alguna y de menosprecios por la sociedad civil y sus organizaciones, Lo peor, sometida bajo un estatus de servidumbre, a servir a intereses y juegos de geopolítica al servicio de potencia foráneas y en particular, los Estados Unidos.
Sin embargo, reiteramos que la cuestión va más allá de los correlatos ideológicos. Sobre el caso de Libia, mal se le podría endosar su alineación neoliberal. Se trata más bien de un agotamiento o un cansancio del control del modelo vertical del poder y mucho de malestar el giro hacia occidente que dio el Coronel Gadafi.
Como en la Rusia que destronó al Zarismo, la Revolución rebasa territorios y se extiende a otros escenarios, que igual que Egipto, se suman al torrente de pueblos que levantan las banderas de la liberación.
Lo cierto es que en adelante, la región no será la misma y como ha ocurrido tanta veces, Occidente es sorprendido por un proceso que no fue capaz de prever, por lo que trata de montarse en la cresta de dicha ola revolucionaria, para de alguna manera reconducir el curso de tales acontecimientos.
¿Lo logrará? también está por verse.
