De taxis y otros malestares urbanos
Cada vez que manejo por la ciudad y veo las fragantes violaciones de las leyes y las normas de buena conducta vehicular por parte de los taxis, me pregunto cuáles son los requisitos para obtener la licencia de conductor de taxis. Aparentemente no existen. Muy diferentes a otras ciudades donde he vivido como Londres y Santiago de Chile.
Recuerdo, cuando vivía en Londres, observar los domingos gran número de personas en motonetas habilitadas con una especie de tablero entre los manubrios del timón y al inquirir sobre quiénes eran estos personajes, me entere que eran aspirantes a licencia de conductor de taxis. El tablero era para colocar un mapa de la ciudad.
Manejar en Londres exige pasar un examen muy difícil. Prepararse para obtener una licencia de conductor de taxis en Londres toma tres años. El aspirante debe conocer la ciudad al dedillo; identificar los sitios de interés y exponer sobre sitios históricos, museos, jardines, plazas, amén de hospitales, oficinas públicas, etc. El examen, por ejemplo, exige desarrollar de memoria la ruta más corta y de menor costo al usuario entra dos puntos de la ciudad, trabajo mental duro considerando que Londres conserva sus calles estrechas tortuosas de su época medieval con innumerables vías de una sola dirección.
Una vez obtenida su licencia, el taxista debe mantener su vehículo en buen estado mecánico, inmaculadamente limpio y libre de señales de colisión. Hay miles de inspectores anónimos. Taxi sucio o “chocado” debe ser retirado de circulación, lo que obliga al conductor a ser muy cuidadoso en su manejo y evitar colisiones a todo costo.
El conductor de taxis en Londres es un profesional, no uno de tiempo parcial como muchos empleados públicos y privados que son dueños de taxi y los operan solo en ruta de su casa al trabajo.
El taxi en Londres presta múltiple servicios sociales además de su servicio tradicional de transporte selectivo: Ud. puede usar los servicios de un taxi para mensajería; inclusive retiro de medicinas de las farmacias. Un taxi en Londres está obligado por ley a brindar su servicio sin rehusarlo en un radio de acción de 2.5 millas no importa el grado de peligrosidad del punto de destino. Eso no opera para las personas con impedimentos físicos. Más allá de esa área es sujeto de negociación. En Londres no opera el “no voy”, el “juega vivo”, “voy por fuera, “el que parpadea pierde”. Los taxistas son corteses, educados, bien vestidos.
Todo lo anterior se complementa con la existencia de excelentes sistemas de transporte masivos como son el subterráneo (“the tube”), los buses de dos pisos y los ferrocarriles interurbanos. Los taxistas londinenses tienen competencia efectiva, los que lo estimula a ser cada día más eficientes y corteses. Los años que viví en Londres no tuve necesidad de auto propio.
He querido referirme al taxista londinense para ilustrar lo que es un buen sistema de transporte selectivo y como este contrasta con la parodia de transporte selectivo que impera aquí. Podría también referirme a Chile donde opera algo similar al sistema de Londres.
La ausencia de un sistema moderno y eficiente de transporte masivo, aunado a la falta de coraje ciudadano de organizarnos para exigir los medios de transporte masivo que una ciudad del tamaño de la nuestra amerita, ha causado la proliferación de los “Diablos Rojos” y la “Peste Amarilla” (¿la malaria urbana?).
En una ocasión escribí un artículo bajo el título “Somos un país de borregos” y sigo insistiendo que lo somos. Argüía que rehusamos usar nuestro poder de usuarios, organizándonos comunitariamente y usar nuestro poder de compra para forzar cambios para un mejor servicio público de transporte. Una huelga de usuarios tendría efectos desastrosos para los transportistas, pero como decía mi abuela: “de ese susto no me muero”. No tenemos espíritu comunitario y parecería que somos inmunes al mal trato. (¿Masoquismo?)
Afortunadamente, el gobierno actual ha iniciado los procesos para darnos los medios de transporte que merecemos. Se anuncia la desaparición de los “Diablos Rojos” en diciembre. ¡Enhorabuena! No habrá réquiem para ellos, no lo merecen. Serán mal recordados. Opino que la “Peste Amarilla” también será afectada porque va a disminuir la necesidad del ciudadano de usarlos y se pondrá peor con la aparición más tarde del Metro. Los propietarios y operadores de taxi parecen no darse cuenta de las consecuencias que tendrán para ellos las prontas mejoras al servicio de transporte público. Muchos de ellos van a desaparecer. Tampoco habrá réquiem para ellos.
